Hacer vivir un caballo: sobre Amir Hamed y “Dos nobles de la misma sangre”

En 2016 escribí, para la revista Lento, un artículo sobre William Shakespeare y sus traductores uruguayos que me llevó a entrevistar a los participantes del proyecto “Shakespeare por escritores”, de la editorial Norma, y al argentino Marcelo Cohen, que los había convocado para la tarea. Al tiempo, con motivo de la muerte de Amir Hamed, publiqué su entrevista completa, que en el artículo aparecía apenas citada, en este blog.

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Es en vano querer vivir todavía: poemas de Jules Supervielle

Destrucción del jardín

Los animales invisibles

El perro

Tú, siempre rodeado de animales invisibles:
aquí está el perro que te ha visto en otros climas
y te lame la mano como en Sudamérica:
“Te equivocás, buen perro, esos tiempos han pasado,
y es en vano querer vivir todavía”.

Los que siguen

La cabra sigue al caballo
y el perro lobo sigue a la cabra.
El poeta en su sombra
lleva cabra, can, caballo
y dos o tres animales
que no tienen nombre todavía
y esperan, para tomar forma,
que sople un viento favorable.

Los peces

Memoria de los peces en los arroyos profundos,
qué puedo hacer yo aquí de sus lentos recuerdos,
no sé de ustedes más que un poco de espuma y de sombra
y que un día, como yo, tendrán que morir.

Entonces ¿a qué vienen a interrogar mis sueños
como si yo pudiera ayudarlos?
Vayan al mar, déjenme sobre mi…

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El placer en la anacronía: sobre “Tres visiones de Las mil y una noches”, de Daniel Guebel


La historia, a fuerza de repeticiones, es muy conocida: el sultán Shahryar, despechado por la infidelidad de su esposa, decide dormir cada noche con una mujer distinta (siempre hijas de funcionarios de su corte) y mandarla matar a la mañana siguiente… hasta que le toca el turno a Sherezade. La joven, que tiene de astuta lo que tiene de bella, decide contarle un cuento a su amante que no vea el fin con el sol del amanecer, para engancharlo y poder vivir un día más. De ese modo, entre “abrazos amorosos” y relatos, pasan las noches, y al tiempo, ya con hijos en común, la pareja se casa.

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Poeta ultrajoven: sobre “El tobogán solitario”, de Edgarda Cadenazzi


En los últimos 20 años, un conjunto de reediciones a cargo de especialistas han devuelto a las librerías una parte fundamental de la tradición poética uruguaya que había sido en gran medida, y más o menos a conciencia, dejada de lado por la crítica. Así, a fines del siglo pasado, de algún modo inaugurando esta práctica, Pablo Rocca curó y prologó la edición definitiva de El hombre que se comió un autobús (La Cruz del Sur, 1927; Banda Oriental, 1998), debut de Alfredo Mario Ferreiro, tal vez el autor más conocido de su indeterminado grupo.

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Boccaccio: el alma del relato

A menudo recordado por sus historias más sexuales, Boccaccio ideó, como define el crítico Vittore Branca (principal reivindicador del carácter medieval del autor, frente a quienes lo piensan como protorrenacentista), una obra de estructura gótica, exuberante, compleja y ascendente, que inicia en el apocalipsis de la peste y el inmoral Ciapelletto y termina con la historia de Griselda, mujer virtuosa por excelencia que, como establece Marga Cottino-Jones, se vincula con la canción final del Canzionere de Petrarca, dedicada a la Virgen, y con la Beatrice dantesca. De esta manera, el Decamerón, dedicado a las mujeres, narrado en su mayoría por mujeres y protagonizado en buena medida por mujeres, marca el punto más alto en la obra del autor de la Elegía de Madonna Fiammetta (novela de juventud dedicada a las enamoradas) y de De claris mulieribus, una serie de biografías de mujeres ilustres que escribió en su última etapa. En ese momento había pasado, por influencia de Petrarca, a escribir en latín, pero su gran obra ya la había escrito en el toscano que había privilegiado Dante y las bases de una literatura en lengua vulgar estaban fuertemente cimentadas. Pronto, el Decamerón se convertiría en fuente de inagotables argumentos, que serían vueltos a contar una y otra vez (por autores fundacionales como Chaucer, por ejemplo), e inspiraría, en su estructura, desde Cervantes a Pasolini, cientos de obras.

Fragmento del texto “Boccaccio: el alma del relato”, sobre Giovanni Boccaccio (y, fundamentalmente, el Decamerón), que se publicó en el portal de la librería Escaramuza. Se puede acceder al texto completo haciendo clic en la cita.

Los restos del naufragio

Hay un vacío, en la playa, que se fue llenando de los desperdicios del barco que vemos hundirse a lo lejos, manchas negras, humos, su inmensidad como un dinosaurio volcado. Y las botellas, los candelabros, las enciclopedias que se amontonan en la arena, con palos, caracoles, viejas sombrillas olvidadas. Un lenguaje que va muriendo pero respira ahora en restos, en fragmentos dispersos de letra, en balbuceos de los ahogados y todavía dice cosas.

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Fotografía de Andrés Seoane

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En el espejo: sobre “Suicidio”, de Édouard Levé


Es imposible eludir las circunstancias de publicación de Suicidio, última novela del francés Édouard Levé. En 2007, unos días después de entregar el manuscrito a su editor, en efecto, Levé terminó con su vida. Tenía 42 años y una obra que consistía, al momento, en varios cuadros, tres libros cercanos a la literatura conceptual y una decena de series fotográficas. Probablemente debido a esa circunstancia y a la propensión a la autorreferencia del francés y de nuestro tiempo, su publicación póstuma se leyó a menudo en clave de despedida, de nota suicida, de testamento. Sin embargo, estas lecturas, que buscan conexiones simples entre la biografía del autor y su creación artística, a menudo llegan a conclusiones ingenuas y, lo que es peor, poco interesantes.

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I’ll drown my book: Riccardo Boglione y “La tempestad”

Victor Hugo, en su célebre ensayo sobre Shakespeare (escrito, precisamente, en su exilio en la isla de Jersey), decía que La tempestad es un arabesco. Y a ese término, brumoso y a la vez claro, lo define comparándolo con la vegetación en la naturaleza, porque el arabesco, como ella, brota, crece, se multiplica, florece. Esa fertilidad, esa proliferación, es evidente para cualquier lector de la obra, que no ha cesado de reverberar en los cuatro largos siglos que tiene de vida. Parte de esa historia de ecos son las distintas traducciones, continuas, variadas, geniales o, cuanto menos, olvidables. Varias de ellas están en este libro, que es una celebración de lo distinto. 

Fragmento del texto “I’ll drown my book”, sobre el libro It Is Foul Weather In Us All, de Riccardo Boglione, que se publicó en el portal de la librería Escaramuza. Se puede acceder al texto completo haciendo clic en la cita.