Inferno, XXVI

Fragmento del Canto XXVI del Infierno, donde Ulises, que se encuentra condenado junto a Diomedes en la octava fosa del octavo círculo, cuenta la historia de su último viaje. La nota al verso 84 en la edición de la Divina Comedia de Fabbri-Cressatti, da luz sobre algunas disonancias entre este relato y el recogido en la Odisea: “La leyenda de ulteriores viajes de Ulises, después de su retorno a Itaca, no remonta a Homero. Dante la deduce de algunas alusiones de Séneca y Cicerón y de un pasaje de las Metamorfosis de Ovidio (XIV- vv. 437-40).”

Lo maggior corno de la fiamma antica
cominciò a crollarsi mormorando,
pur come quella cui vento affatica;

indi la cima qua e là menando,
come fosse la lingua che parlasse,
gittò voce di fuori e disse: «Quando

mi diparti’ da Circe, che sottrasse
me più d’un anno là presso a Gaeta,
prima che sì Enëa la nomasse,

né dolcezza di figlio, né la pieta
del vecchio padre, né ‘l debito amore
lo qual dovea Penelopè far lieta,

vincer potero dentro a me l’ardore
ch’i’ ebbi a divenir del mondo esperto
e de li vizi umani e del valore;

ma misi me per l’alto mare aperto
sol con un legno e con quella compagna
picciola da la qual non fui diserto.

L’un lito e l’altro vidi infin la Spagna,
fin nel Morrocco, e l’isola d’i Sardi,
e l’altre che quel mare intorno bagna.

Io e ‘ compagni eravam vecchi e tardi
quando venimmo a quella foce stretta
dov’ Ercule segnò li suoi riguardi

acciò che l’uom più oltre non si metta;
da la man destra mi lasciai Sibilia,
da l’altra già m’avea lasciata Setta.

“O frati”, dissi “che per cento milia
perigli siete giunti a l’occidente,
a questa tanto picciola vigilia

d’i nostri sensi ch’è del rimanente
non vogliate negar l’esperïenza,
di retro al sol, del mondo sanza gente.

Considerate la vostra semenza:
fatti non foste a viver come bruti,
ma per seguir virtute e canoscenza”.

Li miei compagni fec’ io sì aguti,
con questa orazion picciola, al cammino,
che a pena poscia li avrei ritenuti;

e volta nostra poppa nel mattino,
de’ remi facemmo ali al folle volo,
sempre acquistando dal lato mancino.

Tutte le stelle già de l’altro polo
vedea la notte, e ‘l nostro tanto basso,
che non surgëa fuor del marin suolo.

Cinque volte racceso e tante casso
lo lume era di sotto da la luna,
poi che ‘ntrati eravam ne l’alto passo,

quando n’apparve una montagna, bruna
per la distanza, e parvemi alta tanto
quanto veduta non avëa alcuna.

Noi ci allegrammo, e tosto tornò in pianto;
ché de la nova terra un turbo nacque
e percosse del legno il primo canto.

Tre volte il fé girar con tutte l’acque;
a la quarta levar la poppa in suso
e la prora ire in giù, com’ altrui piacque,

infin che ‘l mar fu sovra noi richiuso».

[Traducción de Luce Fabbri-Cressatti y José Pedro Díaz: El mayor cuerno de la llama antigua / comenzó a sacudirse murmurando, / cual si fuese hostigado por el viento; //  luego, la punta aquí y allá moviendo, / como si fuera la lengua que hablase, / logró emitir la voz y dijo: «Cuando // yo dejé a Circe quien por más de un año / me tuvo oculto cerca de Gaeta / antes que Eneas le diera ese nombre, //ni dulzura de hijo, ni piedad / del viejo padre, ni el debido amor / que alegrar a Penélope debía, // vencer en mí pudieron el ardor / de conocer por experiencia al mundo / y los vicios humanos, y el valor; // sino que me confié al mar abierto / con solo un leño y con la compañía / de los pocos que no me abandonaron. // Las dos orillas vimos hasta España, / Marruecos y la isla de los Sardos / y las otras que el mar aquel rodea. / Estábamos ya viejos y cansados, / cuando llegamos a esa boca estrecha / que Hércules señaló con sus mojones // para que el hombre más allá no vaya; / a mi derecha dejé atrás Sevilla, / como a la izquierda ya dejara Ceuta. // “Hermanos -dije-, que cien mil peligros / afrontasteis en pos del occidente, / en esta pequeñísima vigilia // que aún os queda de vuestros sentidos, / no queráis negaros la experiencia, / siguiendo al sol, del mundo sin la gente. // Considerad cuál es vuestra simiente: / no se os trajo a vivir vida de brutos, / sino a seguir la ciencia y la virtud”. // A mis amigos torné tan dispuestos / con esta oración breve, para el viaje, / que arduo fuera luego retenerlos. // Y, vuelta nuestra popa a la mañana, / los remos fueron ala al loco vuelo, / siempre ganando un poco hacia la izquierda. // Los astros en la noche yo veía / del otro polo, y el nuestro tan bajo / que del suelo marino no asomaba. // Cinco veces prendióse, y otras cinco / la luz se nos borró bajo la luna / después que entramos en el alto paso, // cuando vimos un monte oscurecido / por la distancia, y pareció tan alto / como jamás ninguno había visto. // Pronto nuestro alborozo se hizo llanto, / pues de la nueva tierra un turbión vino / y golpeó la nave por delante. // Con toda el agua le hizo dar tres vueltas, / la cuarta levantó la popa en alto, / hundió la proa así como alguien quiso // y al fin se cerró el mar sobre nosotros».]

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