Refutación

Dos refutaciones a teorías distintas, pero de algún modo hermanas. Teorías hermanas y refutaciones hermanas. Una, encontrada en el libro sexto de las Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres de Diógenes Laercio, corresponde a la teoría de Zenón de Elea, refutada por Diógenes de Sinope (la respuesta que pasó a la historia como el concepto de solvitur ambulando, posible lema del empirismo). La otra, pertenece a la Life of Samuel Johnson, fragmento sobre el cual Bioy Casares y Borges, lectores asiduos del libro de James Boswell, se refirieron en los siguientes términos “ABC: Fue su peor momento. JLB: He was at the lowest ebb. ABC: Johnson no estuvo muy feliz, pero en definitiva, expresó, de manera burda, lo que todos sentimos: que el idealismo es increíble.”

Πρὸς τὸν συλλογισάμενον ὅτι κέρατα ἔχει, ἁψάμενος τοῦ μετώπου, « Ἐγὼ μέν, » ἔφη, « οὐχ ὁρῶ. » Ὁμοίως καὶ πρὸς τὸν εἰπόντα ὅτι κίνησις οὐκ ἔστιν, ἀναστὰς περιεπάτει.

[Traducción al inglés, de R.D. Hicks: To one who by argument had proved conclusively that he had horns, he said, touching his forehead, “Well, I for my part don’t see any.” In like manner, when somebody declared that there is no such thing as motion, he got up and walked about. Al español (del inglés), de Saúl Steiner: A uno que había probado mediante concluyentes silogismos que tenía cuernos, le dijo, tocándole su frente “Bueno, yo no los veo”. De igual forma, cuando alguien declaró que no existe el movimiento, él se levantó y echó a andar.]

After we came out of the church, we stood talking for some time together of Bishop Berkeley’s ingenious sophistry to prove the non-existence of matter, and that every thing in the universe is merely ideal. I observed, that though we are satisfied his doctrine is not true, it is impossible to refute it. I never shall forget the alacrity with which Johnson answered, striking his foot with mighty force against a large stone, till he rebounded from it, ‘I refute it THUS.’

[Traducción de Saúl Steiner: Al salir de la iglesia nos quedamos conversando algún tiempo sobre el ingenioso sofisma del Obispo Berkeley que probó la no-existencia de la materia y que todo en el universo es meramente ideal. Yo observé que, aunque nos satisfaga que su doctrina no es real, es imposible refutarla. Nunca olvidaré la alacridad con la que Johnson respondió, pateando fuertemente una gran piedra, que lo hizo repercutir “lo refuto ASÍ.”]

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