El culto de los libros

Reseña que escribí para la diaria y que, con leves modificaciones, salió el 28 de julio de este año, sobre los libros Extremo Explicit. 99 poemas de Riccardo Boglione de Riccardo Boglione (Montevideo: Yaugurú, 2014) y la antología traducida de poesía futurista uruguaya que él y Georgina Torello editaron, Poesie che sanno di nafta. Antologia della poesia futurista uruguaiana (1909-1932) (Foggia: Sentieri Meridiani, 2014).


Hace cien años Filippo Tommaso Marinetti, padre de la vanguardia europea, publicó Zang Tumb Tumb, puesta en práctica de lo que en manifiestos anteriores había llamado “palabras en libertad”. A partir de allí comienza la vertiginosa historia que lleva, tal vez, a la literatura conceptual de nuestros días. “Toda literatura es conceptual”, se puede decir, y con razón. Pero esto se trata de un nuevo formalismo, donde la escritura (el proceso de escritura) es tan importante como lo escrito. No se trata de emoción, de expresión de sentimientos: se trata de una poética del intelecto.


Riccardo Boglione, italiano radicado en Uruguay, es escritor conceptual, curador de arte, docente y crítico especializado en el estudio de las vanguardias y, entre ellas, del futurismo, movimiento que lanzó Marinetti en 1909. Recientemente ha publicado dos libros que abarcan ambas facetas, que en parte son una misma. El primero, la primera antología de autores uruguayos editada en Italia desde 1930, es Poesie che sanno di nafta y tuvo su presentación el 13 de junio en el espacio SOA, con la participación de Pablo Rocca, profesor titular de Literatura Uruguaya en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (FHCE) de la Universidad de la República, y Natalia Bolani, actriz, que leyó algunos de los poemas. El libro, cuyo subtítulo explica “Antologia della poesía futurista uruguaiana (1909-1932)”, es una edición bilingüe (castellano-italiano) que ha preparado Boglione con Georgina Torello, italianista y profesora de Literatura Italiana en la FHCE, y que cuenta con una nota del artista plástico chileno Pablo Echaurren, el mayor coleccionista privado del futurismo.

Boglione y Torello prepararon una edición impecablemente cuidada, con una interesante introducción que explica las particularidades del movimiento uruguayo, que a veces parece más un modo. En términos generales, se puede decir que no hay poetas futuristas en Uruguay, pero hay poesía. Hay poemas futuristas, hechos bajo el influjo positivo de la revolución italiana. Poemas que, como los de Antonio de Ignacios (hermano de Rafael Barradas, cuyo cuadro Los jugadores de cartas ilustra la portada) mezclan el dibujo con la escritura; poemas que, como los realizados (en parte en broma, en parte en serio) por la Troupe Ateniense, experimentan con la tipografía; otros que exaltan a un jugador de fútbol (el poema a Gradín de Parra del Riego), al Palacio Salvo (poemas de Ferreiro y Ortíz Saralegui), a Chaplin (de Edgarda Cadenazzi), a un ómnibus (Nicolini y de nuevo, Ferreiro). El libro, más allá del valor de las traducciones, tiene una importancia fundamental en nuestro entorno, ya que configura la única recopilación de poesía íntegramente de vanguardia del país; y es, en algunos casos, la primera reimpresión de varios de los poemas que allí aparecen, de poetas ya desconocidos u olvidados, como Alexis Delgado o María Elena Muñoz, o que muestran una faceta poco conocida de otros, como Emilio Oribe. Este libro cuenta además con una breve biografía de cada autor, que funciona a la vez como presentación y justificación de su lugar en la selección, y una extensa bibliografía donde se presentan los principales estudios sobre el tema, las antologías y reediciones de algunas obras de los autores antologados (que por suerte son cada vez más). El libro tiene así un gran valor académico y documental, pero también estético. Una verdadera inmersión en la poesía experimental que se escribió en Uruguay a principios del siglo XX, a veces tímida, por momentos genial.

Este año se cumplen también cien años de la publicación de Tender buttons de Gertrude Stein, una recolección de poemas que desafía la sintaxis convencional, aunque sin destruirla a la manera futurista y que es un libro seminal para la literatura experimental. En su trabajo ya clásico sobre el arte conceptual de los 60’s y los 70’s, que tiene su origen en esas experiencias de la vanguardia europea, Lucy Lippard asegura que éste lleva a cabo una desmaterialización del objeto artístico. Esta desmaterialización vino aparejada, como agrega Craig Dworking, con una re-materialización del lenguaje, con una corporalización de las palabras que pasan, como quería Robert Smithson, a ser materia y no ideas. Boglione está obsesionado con el libro. El libro no en abstracto, no cualquier libro, no el Libro platónico; sino el objeto libro, el libro concreto. Cuando en 2009 publica Ritmo D, una versión del Decamerón de Boccaccio completamente borrado salvo por los signos de puntuación, no ha borrado cualquier Decamerón, sino la edición curada por Vittorio Branca; sus monopoemas (que comenzó a escribir en 2010) son poesías que están conformadas por un solo caracter, cuya fuente es identificada con precisión en el pie de página; sus Tapas sin libro, de 2011, son la restauración de lo faltante a la edición original de 1929 del Libro sin tapas de Felisberto Hernández.

Al abrir Extremo Explicit, el segundo de los libros que Boglione ha publicado este año, vamos en busca de lo que promete el subtítulo desde la sobrecubierta (las tapas están en blanco): “99 poemas de Riccardo Boglione”. Y allí no hay ni poemas ni de Riccardo Boglione. Hay noventa y nueve piezas (no revelaré su verdadera naturaleza) escritas por otros, una por cada año de los últimos noventa y nueve. Es decir, el primer “poema” (y tal vez algo se vuelve poema simplemente al designarlo así) es de 1914, el segundo del quince y así hasta el 2013. Todos se configuran con lo más marginal, lo jamás leído de los libros: la marca de su corporalidad, de su materialidad. Cada uno de los textos, publicados en Uruguay y pertenecientes siempre a distintos libros de poesía de distintos autores, se configura del material de la más inadvertida de las páginas. Es a la vez antología (imposible) de un siglo de poesía, sin referencias, sin derechos de autor, sin explicaciones teóricas (ese insoportable apéndice del arte contemporáneo) ni de ningún tipo: así como viene.

Estos poemas fueron compuestos (encontrados) entre 2011 y 2014. Eso también está en el libro, como otra marca del tiempo; porque, si la materialidad del libro importa, es también porque lo omnipresente es el tiempo, el paso de los años, el paso de las páginas. Como aquel pequeñísimo poema que se limita a declarar “1921” o aquel verso que eterniza “el día menos pensado de 1994”, o el otro, que nos declara que fue terminado “cuando la Primavera hacía sonar / el cascabel de su júbilo sobre los seres y las / cosas, bañándolos en sus coros de luz.”. Todos fijan un tiempo, fijan un lugar “en Montevideo, capital de / La República Oriental del Uru- / guay, tierra estéril para los / luchadores probos; cuna / de altivas mujeres / y escritores / curvilíneos”, otros fijan un nombre, unas iniciales “A m f”. Dije noventa y nueve poemas, debí decir cien: el centésimo poema, que cierra el círculo (y recuerda las cien novelas del borrado Decamerón) es el único que pertenece a Boglione, es el único que él ha escrito, que ha agregado a este mundo, por así decirlo (aunque, claro, el concepto de originalidad no tiene sentido aquí), y está fuera del libro. Y no está contemplado en el subtítulo. Y, si seguimos un poco más, fue impreso en otra imprenta, Caja Baja, utilizando tipos móviles, a la antigua manera, lo que le da mayor peso a la materialidad de la obra en un tiempo donde el fin del libro (en tanto objeto) se augura a cada instante.

Boglione, que dirige la primer revista de literatura conceptual, Crux Desperationis, ha dedicado números mentales donde sólo aparecen los planes de obras que no se llevaron a cabo. Extremo Explicit no es eso, es lo contrario a un texto mental: es una cosa. A través de esta concreción, lo que perdura en nosotros es la abstracción máxima: reescribir cada libro a partir de lo más marginal, de lo más accesorio, de lo más (aparentemente) banal.

2 comentarios sobre “El culto de los libros

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s