Dos vistas a Sylvia Plath

Hace unos años traduje, como parte de un ensayo sobre Sylvia Plath, su poema “Two views of a cadaver room” y un pasaje de The Bell Jar. Tanto la primera sección del poema como el fragmento de la novela parecen estar inspirados en una visita de Plath a su novio estudiante de medicina Dick Norton en Harvard, en octubre de 1951; la segunda sección hace clara referencia a De Triomf van de Dood de Pieter Brueghel, cuyo detalle ilustra esta entrada. A pesar del aplomo que demuestra Esther, protagonista de La campana de cristal, su biógrafa Linda Wagner-Martin sostiene que Plath “Actuó con su aplomo habitual, como si todo la fascinara. Pero los comentarios que hizo luego a sus amigas en Smith revelaban la verdad, que el tener que corresponder al entusiasmo de Norton le resultaba agotador, sobre todo en lo relativo a estas experiencias.”


10565086_10204272525834276_2938960022404749268_n

Dos vistas a una habitación cadáver

1.

El día que visitó el cuarto de disección
tenían cuatro hombres acostados, negros como un pavo quemado,
ya a medio desensartar. Un vaho vinagroso
exhumaban las cubetas muertas que les colgaban;
los chicos de batas blancas comenzaron a trabajar.
La cabeza de su cadáver ha colapsado,
y ella puede apenas ver algo
en ese escombro de cráneos y cuero viejo.
Un cetrino trozo de cuerda mantiene todo unido.

En sus frascos los bebés con nariz de caracol se lamentan y brillan.
Él le alcanza el corazón extraído como una reliquia rota.

2.

En el panorama de Brueghel de humo y masacre
solo dos personas son ciegas al ejército de la carroña:
él, flotando en el mar de su vestido
de satén azul, canta en dirección
a su hombro desnudo, mientras ella se tuerce,
señala una partitura, sobre él,
ambos sordos del laúd en las manos
de la cabeza del muerto que ensombrece su canción.
Estos amantes flamencos florecen; no por mucho tiempo.

A pesar de la desolación, plasmado en la pintura, preserva el pequeño país
tontamente, delicado, en la esquina inferior derecha.

La campana de cristal, capítulo VI (fragmento inicial)

Me vestí con una bata blanca y me senté en un taburete alto en un cuarto con cuatro cadáveres, mientras Buddy y sus amigos los diseccionaban. Estos cadáveres tenían un aspecto tan inhumano que no me molestó verlos. Tenían la piel dura, como de cuero, de un negruzco purpúreo y olían a viejos tarros de pickles.
Después de eso, Buddy me llevó a una sala donde había unas grandes botellas de vidrio llenas de bebés que habían muerto antes de nacer. El bebé de la primera botella tenía una cabeza grande y blanca inclinada sobre un pequeño cuerpo encogido y del tamaño de una rana. El bebé de la botella siguiente era más grande y el otro era más grande aún, y el bebé en la última botella era del tamaño de un bebé normal y parecía estar mirándome y sonriendo como un cerdito.
Yo estaba bastante orgullosa de la impavidez con la que había visto aquellas cosas horribles.

2 comentarios sobre “Dos vistas a Sylvia Plath

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s