The motto of the entire human race

On the day that Adam and Eve invented god […] they at once lost control of him. That is the beginning of the secret history of the world. Man and Woman invented god, who at once eluded their grasp and became more powerful than his creators, and also more malevolent. Like the supercomputer in the film Terminator: “Skynet”, sky-god, same thing. Adam and Eve were filled with fear, because it was plain that for the rest of time god would come after them to punish them for the crime of having created him. They came into being simultaneously in a garden, Eve and Adam, fully grown and naked and enjoying you could say the first Big Bang, and they had no idea how they got there until a snake led them to the tree of the knowledge of good and evil and when they ate its fruit they both simultaneously came up with the idea of a creator-god, a good-and-evil decider, a gardener-god who made the garden, otherwise where did the garden come from, and then planted them in it like rootless plants.

And lo, there, immediately, was god, and he was furious, Wow did you come up with the idea of me,” he demanded, “who asked you to do that?” and he threw them out of the garden, into, of all places, Iraq. “No good deed goes unpunished,” said Eve to Adam, and that ought to be the motto of the entire human race.

Fragmento de Two Years, Eight Months and Twenty‑Eight Nights de Salman Rushdie.

[Traducción de Javier Calvo: El mismo día en que Adán y Eva inventaron a Dios […], perdieron al instante el control sobre él. Ahí empieza la historia secreta del mundo. El hombre y la mujer inventaron a un dios que al instante escapó de su comprensión y se volvió más poderoso que sus creadores, y también más malévolo. Igual que la supercomputadora de la película Terminator: “Skynet”, el dios del cielo, lo mismo. Adán y Eva se quedaron aterrados, porque estaba claro que Dios los perseguiría durante el resto de sus vidas para castigarlos por el crimen de haberlo creado. Ellos habían cobrado vida de forma simultánea en un jardín, Adán y Eva, ya adultos y desnudos y disfrutando de que se podría denominar el primer big-bang, y no tenían ni idea de cómo habían llegado allí hasta que una serpiente los llevó hasta el árbol de la ciencia del bien y del mal, y cuando se comieron su fruto se les ocurrió a los dos al mismo tiempo la idea de un dios-creador, de un juez del bien y del mal, de un dios-jardinero artífice del jardín —si no, ¿de dónde había salido el jardín?— que a continuación los había plantado allí como si fueran plantas sin raíces.
Y, oh, maravilla, de repente ahí estaba Dios, y estaba furioso: ¿cómo se os ha ocurrido la idea de crearme? Y los expulsó del paraíso para mandarlos nada menos que a Iraq. “No hay buena acción que no reciba su castigo”, le dijo Adán a Eva [sic], y ése debería ser el lema de toda la especie humana.]

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