Some marriage of opposites has to be consummated

Even so, the very first sentence that I would write here, I said, crossing over to the writing-table and taking up the page headed Women and Fiction, is that it is fatal for anyone who writes to think of their sex. It is fatal to be a man or woman pure and simple; one must be woman-manly or man-womanly. It is fatal for a woman to lay the least stress on any grievance; to plead even with justice any cause; in any way to speak consciously as a woman. And fatal is no figure of speech; for anything written with that conscious bias is doomed to death. It ceases to be fertilized. Brilliant and effective, powerful and masterly, as it may appear for a day or two, it must wither at nightfall; it cannot grow in the minds of others. Some collaboration has to take place in the mind between the woman and the man before the art of creation can be accomplished. Some marriage of opposites has to be consummated. The whole of the mind must lie wide open if we are to get the sense that the writer is communicating his experience with perfect fullness. There must be freedom and there must be peace. Not a wheel must grate, not a light glimmer. The curtains must be close drawn. The writer, I thought, once his experience is over, must lie back and let his mind celebrate its nuptials in darkness. He must not look or question what is being done. Rather, he must pluck the petals from a rose or watch the swans float calmly down the river. And I saw again the current which took the boat and the under-graduate and the dead leaves; and the taxi took the man and the woman, I thought, seeing them come together across the street, and the current swept them away, I thought, hearing far off the roar of London’s traffic, into that tremendous stream.

Fragmento de la sexta parte del ensayo A room of one’s own de Virgina Woolf.

[Traducción de Laura Pujol: A pesar de ello, la primerísima frase que escribiré aquí, dije yendo hacia el escritorio y tomando la hoja encabezada Las Mujeres y la Novela, es que es funesto para todo aquel que escribe el pensar en su sexo. Es funesto ser un hombre o una mujer a secas; uno debe ser «mujer con algo de hombre» u «hombre con algo de mujer». Es funesto para una mujer subrayar en lo más mínimo una queja, abogar, aun con justicia, por una causa; en fin, el hablar conscientemente como una mujer. Y por funesto entiendo mortal; porque cuanto se escribe con esta parcialidad consciente está condenado a morir. Deja de ser fertilizado. Por brillante y eficaz, poderoso y magistral que parezca un día o dos, se marchitará al anochecer; no puede crecer en la mente de los demás. Alguna clase de colaboración debe operarse en la mente entre la mujer y el hombre para que el arte de creación pueda realizarse. Debe consumarse una boda entre elementos opuestos. La mente entera debe yacer abierta de par en par si queremos captar la impresión de que el escritor está comunicando su experiencia con perfecta plenitud. Es necesario que haya libertad y es necesario que haya paz. No debe chirriar ni una rueda, no debe brillar ni una luz. Las cortinas deben estar corridas. El escritor, pensé, una vez su experiencia terminada, debe reclinarse y dejar que su mente celebre sus bodas en la oscuridad. No debe mirar ni preguntarse qué está sucediendo. Debe más bien deshojar una rosa o contemplar los cisnes que flotan despacio río abajo. Y volví a ver la corriente que se había llevado el bote con el estudiante y las hojas muertas; y el taxi tomó al hombre y a la mujer, pensé, viéndoles cruzar la calle para reunirse, y la corriente les arrastró, pensé, oyendo a lo lejos el rugido del tráfico londinense, hacia aquel río impresionante.]

1 comentario en “Some marriage of opposites has to be consummated”

  1. […] Virginia Woolf (1882-1941) y Sylvia Plath (1932-1963), además de su lugar principal en los movimientos o estilos literarios con los que se las identifica (el modernismo inglés y la poesía confesional, respectivamente), de su estatus de emblemas feministas, de haber estado casadas con artistas (el teórico político y narrador Leonard Woolf, el poeta Ted Hughes) y de la luctuosa sombra de sus suicidios (por agua, por aires), comparten lugar en uno de los catálogos editoriales más interesantes del mundo hispano. Me refiero al de la editorial española Nórdica, que cumple ya diez años pero acaba de llegar a Uruguay. A ella pertenecen Kew Gardens y otros cuentos, que reúne tres piezas de acaso la mayor novelista inglesa; y Tres mujeres, un desgarrador poema a tres voces de una de las poetas más influyentes de la segunda mitad del siglo XX. […]

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