La paz futura

No: the emotions will not make us cosmopolitan, any more than the greed for gain could do so. It is only by the cultivation of the habit of intellectual criticism that we shall be able to rise superior to race-prejudices. Goethe —you will not misunderstand what I say— was a German of the Germans. He loved his country— no man more so. Its people were dear to him; and he led them. Yet, when the iron hoof of Napoleon trampled upon vineyard and cornfield, his lips were silent. ‘How can one write songs of hatred without hating?’ he said to Eckermann, ‘and how could I, to whom culture and barbarism are alone of importance, hate a nation which is among the most cultivated of the earth and to which I owe so great a part of my own cultivation?’ This note, sounded in the modern world by Goethe first, will become, I think, the starting point for the cosmopolitanism of the future. Criticism will annihilate race-prejudices, by insisting upon the unity of the human mind in the variety of its forms. If we are tempted to make war upon another nation, we shall remember that we are seeking to destroy an element of our own culture, and possibly its most important element. As long as war is regarded as wicked, it will always have its fascination. When it is looked upon as vulgar, it will cease to be popular. The change will of course be slow, and people will not be conscious of it. They will not say ‘We will not war against France because her prose is perfect,’ but because the prose of France is perfect, they will not hate the land. Intellectual criticism will bind Europe together in bonds far closer than those that can be forged by shopman or sentimentalist. It will give us the peace that springs from understanding.

Fragmento de la segunda parte del ensayo dialogado “The Critic as Artist”, de Oscar Wilde, publicado originalmente en el volumen Intentions (1891), que traduje: No: las emociones no nos harán cosmopolitas, no más que podría hacerlo la codicia. Sólo a través del cultivo del hábito de la crítica intelectual podremos superar los prejuicios de raza. Goethe  (y no interprete mal lo que digo) fue un alemán entre los alemanes. Amaba a su país, nadie lo amó más. Quería a su gente y él era su guía. Sin embargo, cuando la pata de acero de Napoleón pisoteó los viñedos y los campos de trigo, sus labios permanecieron silenciosos. “¿Cómo pueden escribirse cantos de odio sin odiar?”, decía él a Eckermann, “¿y cómo podría yo, a quien sólo le importa la cultura y el barbarismo, odiar a una de las naciones más cultas de la Tierra y a la que debo una parte tan grande de mi educación?” Esta nota, que fue hecha sonar por Goethe por primera vez en el mundo moderno será el punto de partida, pienso, del cosmopolitismo del futuro. La crítica aniquilará los prejuicios raciales, insistiendo en la unidad del espíritu humano en la variedad de sus formas. Si sentimos la tentación de hacer la guerra con otra nación, debemos recordar que estamos buscando destruir un elemento de nuestra propia cultura, y quizá el más importante. Mientras se considere la guerra como malvada, conservará su fascinación. Cuando se la juzgue vulgar, cesará su popularidad. El cambio, por supuesto, será lento y la gente no será consciente de él. No dirán: “No haremos la guerra a Francia porque su prosa es perfecta”, sino que, porque la prosa francesa es perfecta no odiarán a la tierra. La crítica intelectual unirá a Europa con lazos más estrechos que los que pudieran forjar el comerciante o el sentimental. Nos dará la paz que nace del entendimiento.

 

2 comentarios en “La paz futura

  1. La ilusión de Wilde es característica de cada momento histórico en que surge un nuevo medio. En este caso, es la divulgación masiva de la opinión a través de lo escrito, no original pero sí incrementada en el XIX. Unas décadas más tarde, la invención de la radio hizo exclamar a mucha gente que por fin se terminarían las guerras, porque ahora se podía escuchar directamente a los distintos pueblos hablar en tiempo real. Eso generaría comprensión mutua… En realidad, Hitler tomó la radio y la convirtió en herramienta de propaganda.

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    1. Exacto, pero es interesante pensar en un mundo así, o pensar que alguna vez se pudo pensar así, porque a nadie se le ocurrió (que yo sepa) que Internet traería paz. Lo de la estetización de la guerra como forma de legitimación creo que todavía funciona bien, ¿no?

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