Las estatuas

Hoy se cumplen 100 años de la muerte de José Enrique Rodó. Pensando en él escribí hace algunos años estos poemas.


Yo me he visto en el espejo cinco veces
(en julio de 1994, agosto del 2000, diciembre de 2001,
enero de 2011 y recién).

Y no he visto mi cara deformarse
en hoy, con el muerto saliendo entre los huesos,
rompiendo el cuerpo fino
que no es nada.

Ha tomado ya, Rodó,
todos los reflejos.

***

Entro, intruso
en la gravedad de la sala de esperas
tubos de tungsteno
y silencio espasmódico                        Y las estatuas.
Esperaba más de usted, Rodó.
Debería decir: La estatua.

Pero la estatua se repite en infinidad vertiginosa:
Mármol de la sagrada isla,
La mirada siempre idéntica.

En la sala de las estatuas
sólo se mueve el condenado y las ideas, Rodó,
no son estatuas.

Me mira
en su reiteración
el bloque de mármol de la sagrada isla.
Se va puliendo sola y llega, desde dentro
la mirada:
los ojos están vacíos.

Las ideas /
no hay corredor, sólo hay
las estatuas, la estatua
y las alfombras y las lámparas y los perfumes y la noche, afuera, delmira.

Un comentario sobre “Las estatuas

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