El sol de Mayo

Captura de pantalla 25 de mayo de 2017 5.27
Captura de pantalla del estado del tiempo según el satélite GOES-13, tomada el 25 de mayo de 2017 a las 05:27

Lo que sigue es un poema de retazos que forma parte de una serie mayor, hecho con fragmentos de Andrés Bello (“Silva a la agricultura de la zona tórrida”), Amanda Berenguer (“Las nubes magallánicas”), Juan Cunha (“La nostalgia de mi tierra…”), Rubén Darío (“Allá lejos”), Pedro Leandro Ipuche (“El guitarrero correntino”), Ramón López Velarde (“La suave patria”), Alejandro Magariños Cervantes (“Brindis a los representantes de la prensa brasilera”), Silvina Ocampo (“Enumeración de la patria”), José Enrique Rodó (“Un documento humano”), Garcilaso de la Vega (Égloga, I), Virgina Woolf (A Room of One’s Own) y Juan Zorrilla de San Martín (Tabaré).

Exordio

Pensamos el pasado, ¡Patria, he nacido tantas veces muda!,
a través de nuestras madres
si somos mujeres.

I

La Patria es impecable y diamantina.
¿Quién, en la noche que asusta a la rana,
no miró, del brazo de su novia,
la pólvora de los juegos de artificio
que vi en mi niñez en la hacienda fecunda?

La nostalgia de mi tierra,
de mi campo, el de otro tiempo,
me anda siempre por las sienes,
y se me asienta en el pecho.
El verde canelón de las riberas,
la palma centenaria, el camalote,
el ñandubay, los talas y las ceibas:
la historia de la sangre de un desierto.

En distintas ventanas de tus casas,
deslumbrada y atenta, Patria, he conocido
inclementes tormentas.
He oído el grito del chajá y del teruteru,
el grito de la garza y de la iguana.
He respirado todos tus olores:
frescura de jazmín en los calores
de febrero, magnolias, malvarrosas,
perfumes de tumbergias pegajosas
y el fervoroso olor de los zorrinos.
He visto la llanura tan desnuda
quedándose sin pastos,
he visto disparar caballos ciegos,
el raudo incendio
que a gran distancia brama,
y el humo negro que en remolino sube,
aglomerando nube sobre nube.

Ya de lo que antes era
verdor hermoso y fresca lozanía,
sólo difuntos troncos, sólo cenizas quedan;
monumento de la dicha mortal, burla del viento.
¡Oh patria lagrimosa, y cómo vuelves
los ojos a los Gelves, sospirando!

II

Seguidme juntos a escuchar las notas
de una elegía que en la patria nuestra
el bosque entona cuando queda solo,
y todo duerme entre sus ramas quietas.
A veces es nube y pájaro,
a veces galope y eco,
paisanos de serio rostro,
ancha mano y gesto lento
que con intensa suavidad
pagan su caña brasilera.

Y el llanto de las guitarras
que a rachas me trae el viento
viene de allá, campo afuera,
y se me va pecho adentro.
Y allá, en lo más perdido
de mi espíritu oscuro y escondido,
iniciabas mi vida tan pequeña, Patria,
con una música de agua y de leña,
de pájaro y de fiera.

III

¿Por qué ilusión funesta aquellos
que fortuna hizo señores
de tan dichosa tierra y pingüe y varia,
al cuidado abandonan y a la fe mercenaria
las patrias heredades,
y en el ciego tumulto se aprisionan de míseras ciudades,
do la ambición proterva sopla la llama de civiles bandos,
o al patriotismo la desidia enerva?

IV

Y se enciende el motor y se cruzan las calles
de la Aguada la estación de tranvías del Reducto
con reloj en hora hasta el Brazo Oriental
de vuelta por San Martín entre plátanos jóvenes
hasta Huáscar corta y sin hormigonar y
te muestro, Patria,
en un infiel espejo: tus paisanos
esplendores, tus campos y veranos
sonoros de relinchos quebradizos,
tus noches y caminos despoblados
y con rebaños de ojos constelados.

Suave Patria, vendedora de chía:
quiero raptarte en la cuaresma opaca,
sobre un garañón, y con matraca,
y entre los tiros de la policía.

V

Tendida  de sus montañas en la verde falda,
entreabierto su manto de esmeralda
por los besos del aura tropical,
se levanta radiosa, deslumbrante,
en las tardes risueñas del verano,
vertiendo frescas rosas con su mano,
del Crucero jardín.

Patria,
Navegaré por las olas civiles
con remos que no pesan.

IV

Ocasión para misas campales y discursos patrióticos… Banquetes, brindis, vino espumante, triples vivas… ¡Una estupenda cosa el patriotismo! ¿Se me reprobará que yo no lo sienta? Perdón: yo nací eslavo, pasé la infancia en Viena, la adolescencia en Budapest, tres años en Suiza, seis en París… ¡Dígaseme en conciencia si un pobre diablo como yo, que ni siquiera sabe lo que es, puede sentir sinceramente el patriotismo austríaco!

VII

Cuando ocurre un accidente
y muere un niño ciclista aplastado
en Caramurú junto al arroyo
cuando suena el despertador y repica el pulso
cuando me despierto y recuerdo.

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