Película Wild, de Jean-Marc Vallée (Estados Unidos, 2014)

wildPreparando una reseña sobre Big Little Lies, la miniserie de Vallée estrenada en HBO este año, decidí ver algunas de sus películas. No había visto Wild, adaptación de la memoria homónima de Cheryl Strayed (publicada en 2012), que además me interesaba particularmente porque en ella el director canadiense trabajó por primera vez con Reese Witherspoon y Laura Dern, que reincidirían en su proyecto para la televisión.
A pesar cierto tono edulcorado, como de autoayuda, la película maneja con pericia los tiempos de la road-movie y de la película de aprendizaje, utilizando a su favor los impresionantes paisajes del desierto estadounidense, el clima a la vez de libertad y opresión de sus inmensidades salvajes. Witherspoon hace un papel más que convincente, aunque queda opacada por Dern quien, siendo un personaje secundario que vive apenas en el recuerdo, se apodera de la pantalla.

Libro Aurora lunar, de Ercole Lissardi (Montevideo: Los libros del inquisidor, 1996; Montevideo: HUM, 2014).

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Ercole Lissardi creó un interesante misterio en torno a su obra, un misterio que sirvió para poner en relieve la brumosa figura del autor. Se mató en una contratapa, pero después siguió escribiendo, con el mismo seudónimo, sus narraciones que a menudo se califican de “eróticas”.
Aurora lunar, su novela debut (Calientes, su único libro de cuentos, es de 1994) es una obra madura, de factura casi perfecta, que conjuga con gran precisión escenas fáunicas con otras casi ensayísticas, en las que se problematizan conceptos complejos como la noción de ficción o la construcción de la identidad.
Tal vez abunde demasiado en citas, en referencias que son casi guiños entre eruditos, en una cierta iconoclastia que envejeció mal. No obstante, su búsqueda se revela inédita en nuestras letras y abre varias sendas que en años posteriores profundizarían otros autores y él mismo. Ideas como el fin del mundo, la enfermedad y la muerte (lugares comunes de la literatura) serían así leídas desde nuevos puntos de vista y la teoría y varias corrientes filosóficas como el posestructuralismo entrarían de forma dinámica en la ficción para liberar al cuerpo desde la letra de sus pesados ropajes.

Película Melancholia, de Lars Von Trier (Dinamarca, 2011)

En estas semanas estuve pensando en el fin del mundo. Aunque no me gusta demasiado el cine de Von Trier, muchos buenos amigos me recomendaban con fruición Melancholia y decidí verla, sobre todo tras leer La agonía de Eros, de Byung-Chul Han, en el que el filósofo coreano-alemán hace una interesante interpretación de su protagonista, interpretada por una deslumbrante Kirsten Dunst.
La película me pareció visualmente impresionante, a veces con un ambiente como del Resnais de L’Année dernière à Marienbad, otras con una opulencia y una tensión a lo Visconti (pienso sobre todo en Gruppo di famiglia in un interno) y escenas metafísicas como las de Tarkovski (quien no en vano tiene su propia parábola apocalíptica: Offret). Me sorprendió, sobre todo, por su manera de contener algo así como trazo del color de nuestro spiritus mundi y mostrarlo con precisión y en imágenes de gran belleza.

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Concierto Halo, de Juana Molina (La Trastienda, 4 de agosto de 2017)

Juana Molina es una de las artistas más interesantes de la actualidad. Su último disco, Halo, es tal vez uno de sus mayores logros musicales. Nacido de un viaje al desierto (como los mejores cuadros de Georgia O’Keeffe), se despliega en toda su complejidad sonora y rítmica a partir de instrumentos inesperados y una lírica densa de goticismos que la vincula con la mejor tradición literaria rioplatense.
En vivo demostró una absoluta empatía con un público en trance. Volvió al escenario dos veces, cantó un tema de Totem, bromeó, bailó y cantó hermosamente. Su magia quedó ahí, como un hechizo privado, en palabras sin definición como las que dice a veces.

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Película Cinema Novo, de Eryk Rocha (Brasil, 2016).

Glauber Rocha es uno de los cineastas más impresionantes de la historia. ECinema-Novo-Piosterso queda claro en sus películas, genuinas y poderosas. Su hijo, ahora, armó un increíble documental sobre el movimiento del cine nuevo brasileño, un grupo heterogéneo de realizadores que dio algunas de las mayores creaciones del arte en Latinoamerica.
En su conjunción de política y arte, en su uso inteligente de los grandes maestros (Eisenstein, Ford,) y de los creadores contemporáneos (el neorrealismo, la nouvelle vague), en el aprovechamiento de los bajísimos recursos, en su estudio de la tradición artística de su país, en su entrecruzamiento entre lo documental y la ficción, estos artistas revolucionaron el panorama artístico del continente. En un montaje impresionante que a veces se asemeja al de los ensayos fílmicos de Chris Marker, Eryk Rocha da cuenta de esa multiplicidad, de esa riqueza, de sus puntos de contacto y sus diferencias y deja con ganas de ver.

Serie Tercera temporada de Fargo, de Noah Hawley (Estados Unidos: FX, 2017)

Este año salió la tercera temporada de una serie que, desde casi todo punto de vista, viene siendo de lo más parejo que haya visto. La línea, similar a la que de algún modo siguió True Detective, es ya de por sí interesante: hay un nombre común, pero cada temporada cambia el elenco, cambia las historias, cambia el tiempo y el lugar. La premisa es en este caso más evidente: su relación con la película homónima (Joel & Ethan Coen, 1996) le daba ya esa impronta, que Hawley renueva interconectando (a veces muy sutilmente) cada historia con las anteriores.
De este modo, tenemos, una vez más, un elenco de actores de primer nivel (Ewan McGregor, David Thewlis) que se mezclan con casi desconocidos, una serie asesinatos por error y una “historia verdadera” que es también una “historia” a secas. El juego con la verdad (en el mundo de la posverdad), esta vez, se hace más central que nunca y sus efectos se aprovechan al máximo, con excelentes resultados.

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Películas A Monster Calls, de J. A. Bayona (España y Estados Unidos, 2016) y Colossal de Nacho Vigalondo (Estados Unidos, 2017)

Dos españoles trabajando con actores de habla inglesa, en grandes producciones internacionales. Y monstruos.
Sin embargo, son productos muy distintos: A Monster Calls es una fábula que sigue de algún modo a El laberinto del fauno (Guillermo del Toro, 2006), en la que un niño cercano a la adolescencia, en un momento de crisis (en ambos casos se vincula a una enfermedad padecida por la madre), accede a un mundo feérico.
Como quería del Toro de su obra, es más interesante pensar en estos mundos no como “refugios” de la imaginación, sino como estrictamente reales, y creo que ciertas pautas del film indican que Bayona piensa igual. Con una estética muy cuidada, que mezcla con acierto la animación, los efectos especiales y algunas actuaciones notables, el producto final puede tender demasiado al drama, con escenas que apelan de forma un poco tosca a las emociones del espectador, pero es en general una propuesta sólida.
Colossal, por su parte, aprovecha al máximo ciertos recursos del humor para provocar la respuesta del espectador. Anne Hathaway demuestra otra vez ser muy solvente para la comedia y Vigalondo se afirma como un director hábil en el manejo de los tiempos y los encuadres. Este monstruo, algo así como una emanación de la psiquis de la protagonista, se aleja de las convenciones para contar una historia muy divertida, que atrapa, convence y también sorprende.

Película Logan Noir, de James Mangold (Estados Unidos, 2017)

Queríamos ver Logan desde hace meses, así que cuando el sábado puse play y aparecieron los títulos en blanco y negro, la decepción fue grande. ¿Qué estaba pasando? Había descargado la versión “noir”, que de noir no tiene nada, pero que se maneja únicamente con la escala de grises.
Decidimos verla de todos modos. Era El Día. Y no nos arrepentimos. La ausencia de colores potencia muchas de las escenas (aprovecho a decir que, obviamente, no vi la versión original), los contrastes se hacen más marcados y la tensión se mantiene en sus más de dos horas. El mundo desierto, Charles nonageniario, la relación padre-hija (que de algún modo puede verse en relación a la de los protagonistas de The Road, la novela de Cormac McCarthy), el envejecimiento y la caída de los ídolos, todo se combina perfectamente con una tonalidad que aplaca el obsceno rojo de la sangre. Y eso es decir, porque hay mucha sangre.

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Estoy oyendo Music from the Penguin Cafe, de Penguin Cafe Orchestra (E.G. Records, 1976)

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