Manual de sonambulismo: sobre “El ABC de Byobu”, de Ida Vitale

Reseña de El ABC de Byobu de Ida Vitale (Montevideo: Estuario, 2018), que salió en la diaria el 4 de mayo de 2018.


“¿Tiene ojos la inspiración o va sonámbula?”, se preguntaba Paul Klee en 1901. La anotación, que corresponde a su diario de juventud, viene a cuento no sólo porque la portada de El ABC de Byobu en su primera edición uruguaya (se publicó inicialmente en México en 2004 y en España al año siguiente) reproduzca el cuadro Maske der Angst (máscara del miedo), del pintor-poeta suizo, o en sus páginas se lo mencione explícitamente, sino porque uno de los temas de este brevísimo y contundente volumen de Ida Vitale, editado en Uruguay tras su regreso definitivo, el año pasado, parece ser la inspiración.

Fascinado por una máscara de guerra zuni, Klee ideó al personaje (que ahora para nosotros quedará íntimamente ligado a este libro) con cuatro pies, sin manos, los ojos blancos, hipnóticos, en 1932, año de las últimas elecciones antes de la asunción de Adolf Hitler al poder. Vitale también se esconde, en otros tiempos, tras una máscara totémica que juega con las dualidades, con las articulaciones, con lo que cubre y revela. Esa máscara, curiosamente (o no tanto), se llama Byobu, palabra japonesa de la que proviene “biombo”, mampara que reúne lo decorativo y lo práctico, lo bello y lo útil, y que es fácil de relacionar con el libro, doblado sobre sí mismo, abierto y cerrado, pero también con los pliegues de la creación y de la personalidad.

El volumen, formado por una treintena larga de breves capítulos, poemas en prosa u hojas de una novela imposible, puede pensarse en relación con los textos más lúdicos de Julio Cortázar (sobre todo el de Historias de cronopios y de famas –1962–), pero tal vez su forma debería pensarse mejor en relación con los “ejercicios de estilo” de algunos Oulipianos (Raymond Queneau o cierto Italo Calvino), como si Vitale se sirviera de Byobu para poner a prueba y explorar nuevas formas de decir. Así, pone a funcionar como delicadas ilustraciones o como máquinas pequeñas y perfectas, con trabajo de miniaturista o de relojera, una manera del discurso que se mueve entre la libertad y la restricción como en un desfiladero y sin caer.

En efecto, en los distintos fragmentos encontramos a Byobu el indefinido, soñado o soñador, en un gran número de actividades cotidianas; a menudo meditabundo, leyendo, caminando, llevando adelante una vida (una escritura) mínima. Uno podría decir, también, anodina, pero ese adjetivo ya pasaría a referir sólo al personaje y a su vida, a sus aventuras, y no a la prosa, que sabe deslumbrar con precisas y fulgurantes palabras que vuelven excepcional lo ordinario, como en el pasaje que narra el encuentro (azaroso, lautremontiano), entre Byobu y un sapo, u otro con una lombriz, que recuerdan a algunos textos del franco-uruguayo Jules Supervielle, a quien Vitale tradujo profusamente, pero también, y sobre todo, a otro de los libros en prosa de la autora, De plantas y animales: acercamientos literarios (2003). Una vez más, la relación no es ociosa, porque si en aquel había una clara relación con la escritura naturalista, este abecé, que la Real Academia Española define como “conjunto de rudimentos o principios de una disciplina o ciencia”, busca, desde su forma, crear lazos con la tradición enciclopédica, que fascinó tanto a los surrealistas, y como ellos (pero, también, como el Jorge Luis Borges de “El idioma analítico de John Wilkins”, por ejemplo), subvertirla. Así, este “manual de uso” da una serie de instrucciones para leer y para escribir, y es en sí mismo obra y explicación de su proceso creativo, aunque a veces, en ese afán, pierda un poco el pulso.

Como en la cita que abre la reseña, la preocupación con la visión es central en esta obra, que presenta el mundo como una construcción de la letra, como superposición de perspectivas, en el que la vista es el sentido privilegiado. Por eso, entre las molestias que acongojan a Byobu se enumera primero “Un pelo en uno o en ambos ojos”, lo que lleva directamente a pensar en el poema, publicado en Léxico de afinidades (1994), que Vitale dedica a Odilon Redon (entusiasta él mismo del estilo del byobu japonés, como demuestran sus 17 paneles pintados para el castillo de Domecy-sur-le-Vault). Sus primeros versos, en efecto, se preguntan, tras la visión de los nebulosos óleos del francés: “¿ojos desorbitados, / ojos cerrados, / cíclopes, clámides, / sombras o arcadas misteriosas / y radiantes pegasos por lo celeste / y nubes?” y uno no puede dejar de pensar en la mirada de Byobu, inocente y algo melancólica, posada sobre las cosas casi imperceptiblemente, sin arriesgar una conclusión que suene definitiva ni apurar el final.

En su limpidez, en su finísimo trabajo con el lenguaje y en su medido lirismo, El ABC de Byobu ofrece, junto a la generosa antología Poesía reunida (Montevideo: Tusquets, 2017), un panorama amplio de las muchas voces de una de las poetas uruguayas más reconocidas de la actualidad.

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