Anti-Reseñas/4

Una tradición que nació hace dos años y quedó por esa, vuelve ahora para repasar mis discos más escuchados del 2018.


Aviary, de Julia Holter. Muchas historias se cuentan sobre los ensayos de la primera representación de Elektra, la ópera de Richard Strauss. a3324156623_10Una de ellas dice que el compositor le habría gritado en un momento al director de orquesta, Ernst von Schuch, “¡Más alto, más alto! ¡Todavía puedo escuchar a la cantante!”. En eso pensé cuando vi a Julia Holter y a su banda (reducida), tocar en vivo algunas de las canciones de su último disco, que establece relaciones con los temas hablados de Laurie Anderson (que, por cierto, este año sacó el discazo Landfall, junto al Kronos Quartet) e incluso con la francesa Brigitte Fontaine. Es cierto que estábamos en un lugar pequeñito (por más detalles, la sala se llama Petit Bain), pero de todos modos algo de eso hay en las grabaciones, aunque no sea tan claro como fue para mí ese día: una música que se va desarrollando, que se arma de poco y termina por barrerlo todo, pero sin demoler. Porque, en efecto, al final uno puede pensar, sin miedo a contradecirse, en otro de los pedidos de Strauss, en apariencia opuesto al anterior: que la partitura de la ópera fuera interpretada como si se tratase de la música de hadas de Mendelssohn.

Lechiguanas, de Dani Umpi. El último disco de Umpi es probablemente el mejor de los suyos. Un grupo de canciones pop cargadas de referencias a la mitología, a la historia y al cine (desde Cleopatra, Horus y Tebas hasta maxresdefaultNazareno Cruz y el Lobo) en el que la música se sirve de elementos con algo de nostalgia electropop, pero la trasciende en su empaste con sonidos nuevos. La voz de Umpi, junto a la de invitados como Marina La Grasta y Juan Ramón Diosque y con la producción de Jean Deon, se muestra en todos sus registros, desde el grito casi tribunero de “La yuta” a la preciosa cursilería adolescente de “Niteroi” o a su acostumbrada agudísima ironía (“de qué hablamos cuando hablamos de camp”, en la feliz fórmula de Alberto Giordano) y funciona a la perfección, creando versiones (algunas canciones ya están en discos anteriores, como el que hizo junto a Rosario Bléfari, grabado en vivo en Casa Brandon) que reclaman su cualidad, cada una, de originales.

Correspondence, de Jens Lekman y Annika Norlin. Aparecido como playlist en Spotify hace unas semanas, este disco epistolar de dos de los músicos suecos más interesantes de los últimos años es una joyita del pop witty a1642053299_10y algo nerd que en un sentido inauguran algunas de las composiciones más narrativas de Paul McCartney. En una serie de canciones alternadas, que simulan ser el intercambio cantado de mails entre los músicos, Lekman y Norlin, acompañados de una música mínima en elementos que acompaña la idea íntima del proyecto, comentan cuestiones distantes y a la vez cercanas como una serie documental de Netflix, las figuras de Marilyn Manson y Britney Spears, bañarse en público o el atentado terrorista en Toronto de julio de este año. Marcado por una actualidad desesperada, el disco es potencialmente eterno y, de hecho, se ha agrandado en los últimos días con un agregado navideño de Norlin, cuya voz es uno de los descubrimientos de este año.

American Utopia, de David Byrne. Todo sea dicho: American Utopia no es un gran disco. No es malo, tampoco, pero tal vez habría pasado más o menos desapercibido si no imagefuera porque a principios de este año pude ver a Byrne y a su impecable y numerosa banda presentarse en el Teatro de Verano como parte del tour homónimo. Una experiencia increíble, de una precisión asombrosa, que empezó por el show de la telonera (nada menos que Juana Molina, elegida por Byrne especialmente) y se prolongó por las felices horas del espectáculo musical más deslumbrante y divertido que recuerde. Entre las canciones hay varias muy memorables, como “Every day is a miracle”, marcada por la inmediatez y una esperanza que pedalea (la metáfora no es inocente hablando de un amante de la bicicleta como Byrne) cuesta arriba en la desolada lomada de desesperanza en la que se han convertido los Estados Unidos tras la elección de Trump.

Dead Magic, de Anna von Hausswolff. Si hubiera que elegir un solo disco del año, sería este. La sueca Anna Michaela Ebba Electra von Hausswolff (toda ocasión es buena para mencionar su nombre entero) se despachó a3291194671_10con una muestra de absoluta genialidad gótica con ribetes pop y post-metal, atiborrada de imágenes ocultistas que el título adelanta, que logra melodías complejas de un poder casi hipnótico en su extensión. Tocando el mellotron y el órgano de la rococó Iglesia de Mármol de Dinamarca y acompañada del productor Randall Dunn, colaborador habitual de la banda  Sunn O))), además de guitarras, percusiones, sintetizador y cuerdas, von Hausswolff deja cinco canciones (47 minutos en total) que concentran su talento lírico, sus capacidades para modular los ritmos y los tiempos, y crear de ese modo y con una ambición poco habitual ambientes musicales complejos que van proliferando y quedan ahí a nuestro alrededor, como una vegetación espesa y oscura de la que cuesta salir.

Un comentario sobre “Anti-Reseñas/4

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s