Feminismo Futuro

Durante un concierto junto a la Danmarks Underholdningsorkester en Copenhage en 2011, ANOHNI (nacida Antony Hegarty) dio un discurso que, con el título “Future Feminism” fue incluido en el disco en vivo Cut the World (2012) de Antony and the Johnsons. Con algunos arreglos propios del pasaje del texto original, hablado y en inglés, a uno escrito y en español, traduje ése manifiesto.

Seguir leyendo “Feminismo Futuro”

Nocturno I

Los nocturnos tienen una extensa tradición. De filiación doble, marcial y religiosa (le rouge et le noir), Nocturna denominaba los turnos  de la noche en el ejército durante el Imperio Romano y a los oficios nocturnos de la liturgia católica. En el onceno volumen de la Catholic Encyclopedia, Fernand Cabrol sostiene que en un primer momento el término fue sinónimo de vigilia. En el siglo XVIII se comenzó a aplicar a ciertas obras musicales pensadas para ser interpretadas por la noche, o bien entrada la tarde (es el caso del Notturno de Mozart). Es en el siglo XIX cuando se toma el noche y sus impresiones en el compositor como tema, casi pretexto, de la obra y se lo pasa a llamar nocturno (v.g. Chopin). Así, el nocturno evoca el momento oscuro y contrario del día, la intimidad, la sensualidad, el peligro de la noche. En literatura se dio la noche para la reflexión, para la melancolía y el cuestionamiento metafísico, bajo, al menos en castellano, la influencia (o su negación) de La noche oscura de San Juan de la Cruz. Lo que en San Juan es símbolo de seguridad, sosiego, guía y amor espiritual se transformará con los siglos en duda, nostálgica evocación, sexo y deseo de muerte. [Parte dos aquí]

Fragmento del Nocturno Nº5 de Juan Parra del Riego.

En qué aguas vivas y anchas, en qué profunda fuente
de mi pecho, alma mía, te bañas temblorosa
que de mi ser oscuro y amargo, de repente,
sales como la luna: blanca y maravillosa.

Y en la noche estrujada de una angustia infinita
curvas el hierro huraño de mi vida violenta,
de mi vida de hombre que combate y se agita
con el pendón sonámbulo de una luz de tormenta.

Alma mía, que te alzas dulce y aplacadora
sobre el fogoso espanto de mi insomnio sutil,
paloma turbulenta, dolorida y sonora
que amanece empapada de un rocío febril.

Somos el trigo huérfano que muele en su molino
frenético el destino con un salvaje ardor
¡Molinero sonámbulo! ¡Molinero asesino!
La harina va cayendo: dolor, dolor, dolor…

Alma mía nocturna, alma mía anhelante,
¡cuánto amor! ¡cuánta muerte! ¡cuánta sed! ¡cuánto grito!
en este enloquecido corazón trashumante
lleno de un solitario sufrimiento infinito.

Fragmento del Nocturno de El Rosario de Eros de Delmira Agustini.

Fuera, la noche en veste de tragedia solloza
Como una enorme viuda pegada a mis cristales.

Mi cuarto:…
Por un bello milagro de la luz y del fuego
Mi cuarto es una gruta de oro y gemas raras:
Tiene un musgo tan suave, tan hondo de tapices,
Y es tan vívida y cálida, tan dulce que me creo
Dentro de un corazón…

Mi lecho que está en blanco es blanco y vaporoso
Como flor de inocencia,
Como espuma de vicio!
Esta noche hace insomnio;
Hay noches negras, negras, que llevan en la frente
Una rosa de sol…
En estas noches negras y claras no se duerme.

Fragmento de Una noche, tercero de los Nocturnos de José Asunción Silva.

Esta noche
Solo, el alma
Llena de las infinitas amarguras y agonías de tu muerte,
Separado de ti misma, por la sombra, por el tiempo y la
distancia,
Por el infinito negro,
Donde nuestra voz no alcanza,
Solo y mudo
Por la senda caminaba,
Y se oían los ladridos de los perros a la luna,
A la luna pálida
Y el chillido
De las ranas,
Sentí frío, era el frío que tenían en la alcoba
Tus mejillas y tus sienes y tus manos adoradas,
Entre las blancuras níveas
De las mortuorias sábanas!
Era el frío del sepulcro, era el frío de la muerte,
Era el frío de la nada ….
Y mi sombra
Por los rayos de la luna proyectada,
Iba sola,
Iba sola,
¡Iba sola por la estepa solitaria!

Dolor

Apéndice a The problem of pain, de C. S. Lewis, basado en las observaciones del doctor R. Harvard acerca de los efectos del dolor.

Pain is a common and definite event which can easily be recognised: but the observation of character or behaviour is less easy, less complete, and less exact, especially in the transient, if intimate, relation of doctor and patient. In spite of this difficulty certain impressions gradually take form in the course of medical practice which are confirmed as experience grows. A short attack of severe physical pain is overwhelming while it lasts. The sufferer is not usually loud in his complaints. He will beg for relief but does not waste his breath on elaborating his troubles. It is unusual for him to lose self control and to become wild and irrational. It is rare for the severest physical pain to become in this sense unbearable.  When short, severe, physical pain passes it leaves no obvious alteration in behaviour. Longcontinued pain has more noticeable effects. It is often accepted with little or no complaint and great strength and resignation are developed. Pride is humbled or, at times, results in a determination to conceal suffering. Women with rheumatoid arthritis show a cheerfulness which is so characteristic that it can be compared to the spes phthisica of the consumptive: and is perhaps due more to a slight intoxication of the patient by the infection than to an increased strength of character. Some victims of chronic pain deteriorate. They become querulous and exploit their privileged position’ as invalids to practise domestic tyranny. But the wonder is that the failures are so few and the heroes so many; there is a challenge in physical pain which most can recognise and answer. On the other hand, a long illness, even without pain, exhausts the mind as well as the body. The invalid gives up the struggle and drifts helplessly and plaintively into a self pitying despair. Even so, some, in a similar physical state, will preserve their serenity and selflessness to the end. To see it is a rare but moving experience.
Mental pain is less dramatic than physical pain, but it is more common and also more hard to bear. The frequent attempt to conceal mental pain increases the burden: it is easier to say “My tooth is aching” than to say “My heart is broken”. Yet if the cause is accepted and faced, the conflict will strengthen and purify the character and in time the pain will usually pass. Sometimes, however, it persists and the effect is devastating; if the cause is not faced or not recognised, it produces the dreary state of the chronic neurotic. But some by heroism overcome even chronic mental pain.
They often produce brilliant work and strengthen, harden, and sharpen their characters till they become like tempered steel. In actual insanity the picture is darker. In the whole realm of medicine there is nothing so terrible to contemplate as a man with chronic melancholia. But most of the insane are not unhappy or, indeed, conscious of their condition. In either case, if they recover, they are surprisingly little changed. Often they remember nothing of their illness.
Pain provides an opportunity for heroism; the opportunity is seized with surprising frequency.

[Traducción de Susana Bunster: El dolor es un hecho común y definido, que puede ser fácilmente reconocido; pero la observación del carácter o comportamiento es menos fácil, menos completa y menos exacta, especialmente en la relación pasajera, aun cuando íntima, de doctor y paciente. No obstante esta dificultad, ciertas impresiones toman gradualmente forma en el curso de la práctica médica, las que se confirman a medida que crece la experiencia. Un ataque breve de dolor físico agudo, es agobiante mientras dura. El paciente generalmente no es ruidoso en sus quejas. Implorará por alivio, pero no gasta su aliento en detallar sus problemas. Es raro en él perder el autocontrol y volverse loco e irracional. Es poco frecuente que el dolor físico más agudo se vuelva en este sentido insoportable. Cuando el dolor físico breve y agudo pasa, no deja ninguna alteración evidente en el comportamiento. El dolor prolongado tiene efectos más observables. Éste es, con frecuencia, aceptado con poca o ninguna queja, y se desarrolla una gran fuerza y resignación. El orgullo se humilla o, en ocasiones, se convierte en una determinación de ocultar el sufrimiento. Las mujeres que padecen de artritis reumatoide demuestran una alegría que es tan característica, que puede ser comparada con el spes phthisica del tísico, y se debe, quizá, más a la leve intoxicación del paciente por la infección, que a un aumento de vigor en el carácter. Algunas víctimas de dolor crónico se deterioran. Se vuelven quejumbrosas y explotan su posición privilegiada de inválidas para ejercer una tiranía doméstica. Pero la maravilla es que los fracasos sean tan escasos y los héroes tantos; existe un desafío en el dolor, al que la mayoría puede reconocer y responder. Por otro lado, una larga enfermedad, incluso sin dolor, agota tanto la mente como el cuerpo. El inválido deja de luchar y se deja arrastrar impotente y quejumbrosamente a una desesperada auto-compasión. Incluso así, algunos, en un estado físico similar, mantendrán su serenidad y abnegación hasta el final. Ver esto es una experiencia poco frecuente y conmovedora. El dolor mental es menos dramático que el dolor físico, pero es también más común y más difícil de soportar. El intento frecuente de ocultar el dolor mental, aumenta el peso del mismo; es más fácil decir “me duele una muela” que decir, “mi corazón está roto”. Sin embargo, si aquello que lo produce es aceptado y enfrentado, el conflicto fortalecerá y purificará el carácter y, con el tiempo, el dolor generalmente pagará. A veces, sin embargo, éste persiste y el efecto es devastador; si la causa no se enfrenta o no se reconoce, produce el estado deprimente del neurótico crónico. Pero algunos, mediante el heroísmo, se sobreponen incluso al dolor mental crónico. Con frecuencia producen un trabajo brillante y fortalecen, endurecen y agudizan sus caracteres hasta volverse como el acero templado. En la locura real el panorama es más oscuro. En todo el campo de la medicina no existe nada tan terrible de contemplar como un hombre que padece melancolía crónica. Pero la mayoría de los dementes no son desgraciados ni están realmente conscientes de su condición. En ambos casos, el poco cambio que experimentan si se recuperan, es sorprendente. Con frecuencia nada recuerdan acerca de su enfermedad. El dolor proporciona una oportunidad al heroísmo; la oportunidad es tomada con sorprendente frecuencia.]