Discutir en la mesa: la cocina italiana y el rechazo a lo foráneo

Columna de opinión que salió el 1 de febrero de 2019 en la diaria, sobre algunas noticias recientes y la cocina futurista, tema de una de mis monografías de grado.


Hace unos días, mientras leía la interesantísima entrevista que David Broder les hizo a Pamela Anderson y Srećko Horvat para la revista inglesa Jacobin, me enteré, por la actriz, modelo y activista, de que recientemente se apartó al cocinero Vittorio Castellani del programa de televisión en el que participaba porque, según su versión de lo que le comunicaron los ejecutivos de la RAI, al público ya no le interesan las recetas de comidas “extranjeras”. Eso lo llevó, según su versión, a renunciar inmediatamente.

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Dulce como el queso, amarillo como el chocolate: sobre los subtítulos de “Roma”, de Alfonso Cuarón

De fondo, como sostiene Tabarovsky en su columna, la cuestión no es si traducir está bien: es, más bien, cómo y quién traduce. Así, más alarmantes que los subtítulos de la película de Cuarón son la espantosa imposición del “español neutro” (?) que infecta los programas infantiles, las traducciones literarias “planchadas” (así dice que se llaman Marcelo Cohen en su ineludible libro de ensayos Música prosaica) en las que se borra todo rasgo del estilo del autor en pos de una supuesta mejor comprensión, el corrector del celular, reticente al voseo, o una aberración bastante reciente que surgió de las quejas de los lectores del Cono Sur con respecto a las versiones demasiado españolas, según la cual las multinacionales “revisan” las traducciones y las “adaptan” a nuestro dialecto, cambiando pronombres y sustantivos (sobre todo insultos) medio al azar, pero manteniendo la forma de la frase intacta, como si la lengua fuera apenas un conjunto de etiquetas intercambiables.

Fragmento de “Dulce como el queso, amarillo como el chocolate”, contratapa que escribí para el suplemento Cultural de la diaria. Se puede acceder al texto completo haciendo clic en la cita.

Sí = No: Cien años del Primer Manifiesto Dadaísta

Ahora bien, no hay que olvidar que, si Tzara puede atacar con violencia al manifiesto como forma y, ante todo, a la expectativa del lector, es porque tras él hay, ya, una historia, un género discursivo con reglas y procedimientos que conforman «lo esperable». Solo entonces es que, como afirma Dafydd Jones, el rumano es capaz de presentar su texto como algo que le «sucede» al lector y, en ese sentido, como un evento casi teatral en el que la misma enunciación es un devenir de aquello que se va imponiendo mientras anuncia lo que, al final, no llega nunca. Ese evento, sigue Jones, citando a Leah Dickerman, implica al final un asalto al público, a las funciones comunicativas del lenguaje y a la idea de comunidad en tanto sistema colectivo gobernado por leyes.

Fragmento de “Sí = No: Cien años del Primer Manifiesto Dadaísta”, que se publicó en el portal de la librería Escaramuza. Se puede acceder al texto completo haciendo clic en la cita.