Los restos del naufragio

Hay un vacío, en la playa, que se fue llenando de los desperdicios del barco que vemos hundirse a lo lejos, manchas negras, humos, su inmensidad como un dinosaurio volcado. Y las botellas, los candelabros, las enciclopedias que se amontonan en la arena, con palos, caracoles, viejas sombrillas olvidadas. Un lenguaje que va muriendo pero respira ahora en restos, en fragmentos dispersos de letra, en balbuceos de los ahogados y todavía dice cosas.

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Fotografía de Andrés Seoane

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Un desierto de arena rosa

Dickinson escribía con palabras que, de cotidianas, se volvían extrañas. «No es necesario ser una habitación», comienza por ejemplo su poema 670, «para estar embrujada» y hay una plasticidad que deslumbra, una cercanía que enceguece, una consecución dislocada de las imágenes preferidas de los románticos -abadías y sepulturas, corredores, asesinos que acechan en los cuartos, fantasmas y encuentros a medianoche-, que son emplazadas en el espacio cerrado del pensamiento.

Fragmento de “Un desierto de arena rosa: Emily Dickinson”, que se publicó en el portal de la librería Escaramuza. Se puede acceder al texto completo haciendo clic en la cita.

Rulfo en la frontera

Siempre hay una frontera, pero en la obra de Rulfo es una línea tenue que se corrompe todo el tiempo: los vivos la atraviesan, los muertos la atraviesan, y casi todos la habitan, como un espacio blando del mundo, como un mundo de espectros proyectado eternamente sobre las calles y los desiertos. El pecado, de padres e hijos, de hermanos y tíos, tiene la viscosa forma de ese límite, que seduce y condena.

Fragmento de “Rulfo en la frontera”, que se publicó en el portal de la librería Escaramuza. Se puede acceder al texto completo haciendo clic en la cita.

Onetti poeta

El conmovedor artículo que Onetti escribió en memoria de Susana Soca, un auténtico retrato de la mezquindad nacional, cierra con una frase enigmática: «Tal vez por todo esto uno de mis mejores amigos le dedicó un libro con estas palabras: Para Susana Soca: Por ser la más desnuda forma de la piedad que he conocido; por su talento».
Ese amigo, uno de los mejores, no es otro que él mismo. El libro es Juntacadáveres. La poeta llevaba cinco años muerta cuando se publicó.

Fragmento de “Onetti poeta”, que se publicó en el portal de la librería Escaramuza. Se puede acceder al texto completo haciendo clic en la cita.

Mi Rodó personal

Puedo ver a Rodó, casi puedo verlo. Lo he intentado atrapar sentado por horas frente a la escultura de Belloni, entre sus cosas (el crucifijo de su familia, su foto rodeado de libros desordenados sobre su escritorio rebosante, la primera edición de Motivos de Proteo), en las palabras escuetas en su diario de viaje, en las visiones del fin de todo.

Fragmento de “Mi Rodó personal”, contratapa que escribí para Fuera de sección, de la diaria. Se puede acceder al texto completo haciendo clic en la cita.