Las dos salamandras

Pero el calor repentino ha despertado a los bichos y ya noto las durezas de un cuerpo que no es mío en mí, que me suplanta, desde debajo de la piel, que me domina y me hace suyo. Siento sus patas finas, sus antenas, el exoesqueleto abriéndose paso entre la carne. Siento el dolor de la parturienta mientras dejo de ser hombre. Miro el libro, anhelo el milagro.

Fragmento del cuento “Las dos salamandras”, que escribí para el proyecto Trinidad, convocado por Vicente Lamónaca. Se puede acceder al texto completo haciendo clic en la cita.

Fantasma

Escribo “niño” en google. Se escribe solo, se completa la oración “sirio muerto”. Niñosiriomuerto. Nñosrimrto. NIÑOSIRIOMUERTO, en la playa. Aylan Kurdi muerto. Refugiados crisis segunda guerra mundial. Austria, Hungría. Playa, niño muerto. Sirios, refugiados, muertos. MRTO. Aprieto enter. La fotógrafa, la famosa foto, un dibujo de la mano de Dios con el niño en la palma, otro donde el niño tiene alas de ángel y una rosa roja, otro, por si fuera poco, donde una cohorte de animales marinos lloran su muerte. “Hay que hacer visible la miseria”, “hay que hacer visible la barbarie”, “hay que hacer visible la decadencia del Imperio Romano de Occidente”, “hay que hacer visible la hipocresía”, “¿dónde están los derechos humanos?”. Eso oigo. Pero la repetición borronea al niño, lo transforma, lo vuelve inocuo, lo anula. La repetición niega la magia, el poder de la imagen, del ícono.

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Londres, 2016

Por las esquinas y por Chalk Farm Road hay un resplandor antiguo, una voz que retumba desde el medio del agua y de los pasos, como viniendo desde la muerte, desde mis manos que sostienen ese libro: O make me a mask and a wall.

Fragmento de Londres 2016, crónica/reseña que escribí para la diaria sobre un concierto de John Cale en The Roundhouse. Se puede acceder al texto completo haciendo clic en la cita.

La Caída

Cae el café al suelo. En la foto es negro, es un pozo de Marte, es un cielo nocturno, es el lunar sospechoso que crece mientras se duerme. Mientras se duerme el inicio del Facebook se actualiza solo. Nadie escribe, aparecen nuevas viejas publicaciones, se adelanta el tiempo en fotos, en videos, en la nota o la noticia. Estado de ánimo, es decir: miserias. La palabra nos ha dicho: no hay nada. Se ha dejado pronunciar en el vapor. Ya no puede decirse “Tomo café”. “Se toma café” sea probablemente más adecuado, como decir: café es tomado. La humeante taza puede caer entonces y quedar ingenuamente todo dicho. La taza es caída, la taza es rota. Y en el ángulo sereno de la mente, podría volver a juntarse, armarse otra vez, llenarse de nuevo de espumeante café de su forma. La taza rota parece respirar. El verbo se detiene ahí, entre el vapor, y no. No habría una relación entre el caliente líquido y esas volutas blanquecinas que ascienden y se pierden en el aire frío. No podría ver esa cadena de proceso, que golpea como un dominó o como un domingo al lunes. El café no se derrama por nadie. Es porque sí.

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