Las dos salamandras

Pero el calor repentino ha despertado a los bichos y ya noto las durezas de un cuerpo que no es mío en mí, que me suplanta, desde debajo de la piel, que me domina y me hace suyo. Siento sus patas finas, sus antenas, el exoesqueleto abriéndose paso entre la carne. Siento el dolor de la parturienta mientras dejo de ser hombre. Miro el libro, anhelo el milagro.

Fragmento del cuento “Las dos salamandras”, que escribí para el proyecto Trinidad, convocado por Vicente Lamónaca. Se puede acceder al texto completo haciendo clic en la cita.

Fantasma

Escribo “niño” en google. Se escribe solo, se completa la oración “sirio muerto”. Niñosiriomuerto. Nñosrimrto. NIÑOSIRIOMUERTO, en la playa. Aylan Kurdi muerto. Refugiados crisis segunda guerra mundial. Austria, Hungría. Playa, niño muerto. Sirios, refugiados, muertos. MRTO. Aprieto enter. La fotógrafa, la famosa foto, un dibujo de la mano de Dios con el niño en la palma, otro donde el niño tiene alas de ángel y una rosa roja, otro, por si fuera poco, donde una cohorte de animales marinos lloran su muerte. “Hay que hacer visible la miseria”, “hay que hacer visible la barbarie”, “hay que hacer visible la decadencia del Imperio Romano de Occidente”, “hay que hacer visible la hipocresía”, “¿dónde están los derechos humanos?”. Eso oigo. Pero la repetición borronea al niño, lo transforma, lo vuelve inocuo, lo anula. La repetición niega la magia, el poder de la imagen, del ícono.

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