Hienden la penumbra de mis sueños: un poema de James Joyce

Destrucción del jardín

Oigo un ejército

Oigo un ejército cargando sobre la tierra,
Y el trueno de caballos lanzados; con espuma hasta las rodillas,
Arrogantes, de negras armaduras, tras ellos se yerguen,
Despreciando las riendas, con ondulantes látigos, los aurigas.

Gritan a la noche sus nombres de batalla:
Gimo en sueños cuando oigo a lo lejos su risa arremolinada.
Hienden la penumbra de mis sueños, una llama enceguecedora
Retumba, retumba sobre el corazón como sobre un yunque.

Vienen sacudiendo triunfantes su largo, verde cabello:
Salen del mar y corren gritando por la playa.
Mi corazón, ¿no tienes sabiduría acaso para desesperar?
Mi amor, mi amor, mi amor, ¿por qué me has dejado solo?

Publicado originalmente en Chamber Music (1907)


Hace unos cuatro años, tradujimos con Mateo Vidal algunos poemas del inglés, entre los que se encontraba este de James Joyce, que en 1914 Ezra Pound incluyó en su famosa antología Des Imagistes.

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Tres poemas

Dios era la espera
era el tedio y el dinero que se carga en cuentas y no vemos
porque es números titilantes
en la pantalla azul.
Era las letras que empiezan a decir,
era el remolino atroz de hojas cuando murmura, hace chispas.
Era la mirada sobre la cosa
y era la forma en que la cosa va armándose sola.

Tercera sección de mi poema “Dios” que, junto a “La casa” y “Nodiós”, apareció en el quinto número de la revista online Insilio. Se puede acceder al texto completo haciendo clic en la cita.

Lo que quedó (diez poemas)

Siempre decías que tenía que hacerlo más personal. Que tenía que escribir cosas especialmente para el blog, que tenía que hablar más de mí porque si no, ¿para qué? Yo me reía porque no tenía nada que decir de mí, nada que contar. Vos insistías.

Un día te mandé unos poemas por mail. Y a vos no te gustaba la poesía. “Me gustaron”, dijiste, “Es como futurismo de aquella época pero sin la parte de ser facho. Ya me los imagino entre dos cartones”.

Estos no te gustarían tanto, porque no hablan de mí.

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