Cierro mi puerta tras de mí

Traducción libre del hermoso poema de Christina Rossetti¿Quién me librará?”, cuyo título se inspira en un pasaje bíblico (Romanos 7:24-25). Datado en 1864, se publicó originalmente en la revista Argosy (en febrero de 1866) y luego en el libro Goblin Market, The Prince’s Progress, and Other Poems (1875).
La imagen que acompaña el texto es una reproducción de un cuadro de 1891 del pintor simbolista belga Fernand Khnopff, nombrado, a partir de un verso del poema I lock my door upon myself.

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Una tormenta perfecta


Cuando alguien me hace esa pregunta inevitable, “¿Quién es tu autor favorito?”, siempre digo “Shakespeare”. Hay algunas buenas razones para eso. Primero, porque muchísimo de lo que sabemos de argumentos, personajes, el escenario, hadas e insultos creativos viene de Shakespeare. Segundo, porque si nombrás a un autor vivo, los otros autores vivos se van a enojar porque no fueron ellos, mientras que Shakespeare está convenientemente muerto.

En tercer lugar, porque Shakespeare se niega a ser encasillado. No sólo sabemos muy poco sobre lo que realmente pensaba, cómo se sentía y qué creía, sino que además las obras en sí mismas son inaprensibles. Justo cuando pensás que entendiste el sentido, tu interpretación se derrite como gelatina y te quedás rascándote la cabeza. Tal vez él sea profundo, muy profundo. O tal vez no tenía un editor de continuidad. Y Shakespeare nunca será invitado a un programa de televisión para que se explique a sí mismo, el muy suertudo.

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