Gauchos: sobre algunos fragmentos de Hudson, Darwin y Supervielle

Es famoso el capítulo de The Purple Land, de W. H. Hudson, en el que Richard Lamb participa de una ronda de historias a la luz del fogón con un grupo de gauchos que cuentan encuentros con el diablo y apariciones, pero se enojan cuando él les habla del Palacio de Cristal, que uno que se llama Lechuza califica de cuento, contra sus “experiencias reales”.

A los ojos de los visitantes, muchas veces los gauchos parecen decir cosas disparatas, dignas de un personaje de Alice in Wonderland, pero con absoluta seriedad. Otro caso se encuentra en A Naturalist’s Voyage Round the World, el diario de Charles Darwin. En efecto, el 26 de noviembre de 1833, el científico inglés anota:

En Mercedes le pregunté a dos hombres por qué no trabajaban. Uno me dijo muy seriamente que los días eran demasiado largos; el otro que era demasiado pobre.

En las memorias de Jules Supervielle hay algunos diálogos dignos de esta improvisada antología, como los protagonizados por Hipólito Hernández, un hombre que dejó el campo por primera vez para visitar a su hermana María, que vivía en un pueblo vecino. Cuenta Supervielle:

Es la hora de almorzar. Después del puchero, se le ofrecen aceitunas a Hernández, que desconfía de todos los alimentos que no son carne. Quiere comer una aceituna de su tenedor, pero no puede. Su hermana lo hace en el primer intento.
—No me sorprende, dice Hipólito: la aceituna estaba cansada.
—¿Querés queso?
—No, el queso es traicionero.
—¿Leche?
—Sí, la leche es un instrumento que usamos en mi casa.
—¿Y una naranja?
—No, la naranja es muy fría.
Después de almorzar la hermana le pregunta:
—¿Jugás al dominó?
—No, es un juego difícil, dice el gaucho con seriedad. Debería conocer la gramática.
Al crepúsculo se despide de su hermana para volver a la estancia.
—¿No le tenés miedo a los fantasmas?, le pregunta la mujer.
—No, estoy acompañado (quiere decir que lleva un talismán consigo).

Un poco más adelante, sigue Supervielle, esta vez hablando de otro hombre que está en su lecho de muerte:

El cura, después de la extremaunción, le pregunta qué le puede ofrecer.
—Un churrasco, dice el agonizante con los ojos ya vidriosos.
Y he aquí que come y resucita.

Una tormenta perfecta: Margaret Atwood sobre “Hag-Seed”


Cuando alguien me hace esa pregunta inevitable, “¿Quién es tu autor favorito?”, siempre digo “Shakespeare”. Hay algunas buenas razones para eso. Primero, porque muchísimo de lo que sabemos de argumentos, personajes, el escenario, hadas e insultos creativos viene de Shakespeare. Segundo, porque si nombrás a un autor vivo, los otros autores vivos se van a enojar porque no fueron ellos, mientras que Shakespeare está convenientemente muerto.

En tercer lugar, porque Shakespeare se niega a ser encasillado. No sólo sabemos muy poco sobre lo que realmente pensaba, cómo se sentía y qué creía, sino que además las obras en sí mismas son inaprensibles. Justo cuando pensás que entendiste el sentido, tu interpretación se derrite como gelatina y te quedás rascándote la cabeza. Tal vez él sea profundo, muy profundo. O tal vez no tenía un editor de continuidad. Y Shakespeare nunca será invitado a un programa de televisión para que se explique a sí mismo, el muy suertudo.

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100 palabras sobre el nuevo milenio

We’re all—especially those of us who are educated and have read a lot and have watched TV critically—in a very self-conscious and sort of worldly and sophisticated time, but also a time when we seem terribly afraid of other people’s reactions to us and very desperate to control how people interpret us. Everyone is extremely conscious of manipulating how they come off in the media; they want to structure what they say so that the reader or audience will interpret it in the way that is most favorable to them. What’s interesting to me is that this isn’t all that new. This was the project of the Sophists in Athens, and this is what Socrates and Plato thought was so completely evil. The Sophists had this idea: Forget this idea of what’s true or not—what you want to do is rhetoric; you want to be able to persuade the audience and have the audience think you’re smart and cool. And Socrates and Plato, basically their whole idea is, “Bullshit. There is such a thing as truth, and it’s not all just how to say what you say so that you get a good job or get laid, or whatever it is people think they want”.

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