La otra Buenos Aires

Reseña a Dublín al Sur de Isidoro Blaisten (Montevideo: Banda Oriental, 2014) que realicé para la diaria y que salió en su edición del 26 de febrero de 2015.


Si pensamos que los cuentos reunidos en Dublín al Sur, el libro del argentino Isidoro Blaisten de 1980 que el año pasado editó Banda Oriental, ya habían sido publicados con anterioridad (tres pertenecen su libro de cuentos La felicidad, de 1969; cinco a La salvación de 1971, uno a El mago, de 1974 y otros tres fueron publicados en medios gráficos entre 1975 y 1978), resulta llamativa la unidad que conforma el volumen. Los cuentos, todos bastante cortos, resuenan entre ellos mediante el uso de frases hechas, de temas, de personajes y situaciones que se repiten y toman un sentido nuevo. Interfieren unos en otros. Cuando en un cuento leemos la frase “las catedrales no se reconstruyen” nos da la sensación de que ya la hemos leído. Y así es, pero el contexto es otro, el personaje es otro; el sentido, finalmente, es otro. Esta movilidad es constante; con una prosa ligera, con toques de humor muy finos (logrados generalmente a través del absurdo a lo Felisberto Hernández o mediante lo lingüístico a lo Julio Cortázar o Leopoldo Marechal) y fuertes matices de “color local” (siempre teñido de ironía, pero no de burla) que van desde las acciones hasta las formas de narrar y hablar de los personajes (artlianamente), Blaisten logra un entramado a la vez delirante y realista, donde el costumbrismo y los elementos formales que legó la vanguardia se combinan de forma satisfactoria y productiva. El habla de las orillas, la fingida naturalidad del lunfardo, el lugar común, todo se pone en juicio de formas imprevistas (perfecto en este sentido es el cuento “Violín de fango”). La crítica social (al snobismo, a la vanidad, a la hipocresía) es una constante (piénsese en cuentos como “Los tarmas”, “Victorcito, el hombre oblicuo” o el desopilante “Mishiadura en Aries”) y debe mucho a Discépolo y a toda la generación de martinfierristas, sobre todo los llamados “de Boedo”, como los hermanos González Tuñón o Nicolás Olivari.

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