The Love Song of Har Dyal

Ha dicho Borges “Los últimos relatos de Kipling fueron no menos laberínticos y angustiosos que los de Kafka o los de James, a los que sin duda superan; pero en 1885, en Lahore, había emprendido una serie de cuentos breves, escritos de manera directa, que reuniría en 1890. No pocos –In the House of Suddhoo, Beyond the Pale , The Gate of the Hundred Sorrows– son lacónicas obras maestras”, un fragmento de esa obra maestra que se llama Beyond the Pale es lo que sigue.

Then he saw that the Gully ended in a trap, and heard a little laugh from behind the grated window. It was a pretty little laugh, and Trejago, knowing that, for all practical purposes, the old Arabian Nights are good guides, went forward to the window, and whispered that verse of “The Love Song of Har Dyal” which begins:

Can a man stand upright in the face of the naked Sun;
or a Lover in the Presence of his Beloved?
If my feet fail me, O Heart of my Heart, am I to blame,
being blinded by the glimpse of your beauty?

There came the faint tchinks of a woman’s bracelets from behind the grating, and a little voice went on with the song at the fifth verse:

Alas! alas! Can the Moon tell the Lotus of her love when the
Gate of Heaven is shut and the clouds gather for the rains?
They have taken my Beloved, and driven her with the pack-horses to the North.
There are iron chains on the feet that were set on my heart.
Call to the bowman to make ready-

The voice stopped suddenly, and Trejago walked out of Amir Nath’s Gully, wondering who in the world could have capped “The Love Song of Har Dyal” so neatly.

Next morning, as he was driving to the office, an old woman threw a packet into his dog-cart. In the packet was the half of a broken glass bangle, one flower of the blood red dhak, a pinch of bhusa or cattle-food, and eleven cardamoms. That packet was a letter -not a clumsy compromising letter, but an innocent, unintelligible lover’s epistle.

Trejago knew far too much about these things, as I have said. No Englishman should be able to translate object-letters. But Trejago spread all the trifles on the lid of his office-box and began to puzzle them out.

A broken glass-bangle stands for a Hindu widow all India over; because, when her husband dies a woman’s bracelets are broken on her wrists. Trejago saw the meaning of the little bit of the glass. The flower of the dhak means diversely “desire,” “come,” “write,” or “danger,” according to the other things with it. One cardamom means “jealousy;” but when any article is duplicated in an object-letter, it loses its symbolic meaning and stands merely for one of a number indicating time, or, if incense, curds, or saffron be sent also, place. The message ran then:–“A widow dhak flower and bhusa–at eleven o’clock.” The pinch of bhusa enlightened Trejago. He saw -this kind of letter leaves much to instinctive knowledge- that the bhusa referred to the big heap of cattle-food over which he had fallen in Amir Nath’s Gully, and that the message must come from the person behind the grating; she being a widow. So the message ran then: “A widow, in the Gully in which is the heap of bhusa, desires you to come at eleven o’clock.”

Trejago threw all the rubbish into the fireplace and laughed. He knew that men in the East do not make love under windows at eleven in the forenoon, nor do women fix appointments a week in advance. So he went, that very night at eleven, into Amir Nath’s Gully, clad in a boorka, which cloaks a man as well as a woman. Directly the gongs in the City made the hour, the little voice behind the grating took up “The Love Song of Har Dyal” at the verse where the Panthan girl calls upon Har Dyal to return. The song is really pretty in the Vernacular. In English you miss the wail of it. It runs something like this:

Alone upon the housetops, to the North
I turn and watch the lightning in the sky,
The glamour of thy footsteps in the North,
Come back to me, Beloved, or I die!

Below my feet the still bazar is laid
Far, far below the weary camels lie,
The camels and the captives of thy raid,
Come back to me, Beloved, or I die!

My father’s wife is old and harsh with years,
And drudge of all my father’s house am I.
My bread is sorrow and my drink is tears,
Come back to me, Beloved, or I die!

As the song stopped, Trejago stepped up under the grating and whispered: “I am here.”

[Traducción al español]

Nocturno V

Ya he dicho, los hombres inventaron la noche, y a la luna. En su Nocturno (frustrado), Miguel d’Ors le reprocha a los poetas “Maldito Baudelaire, malditos Goethe y Borges, / que ahora que contemplo / la luna no me dejan ver / la luna.” y a Miguel d’Ors, Victor Botas le contesta “Bendito Baudelaire, benditos Goethe y Borges, / que ahora que contemplo / la luna me permiten ver / en ella / cosas que no verá ningún astrónomo.”

Fragmento de Hacia la noche de María Eugenia Vaz Ferreira.

Oh noche, yo te quiero
sin el fulgor de luminosos astros,
sin marinos clamores
y sin la voz que finge
en los cráneos sonoros el rumor de los vientos.

Oh dulce noche mía, oh dulce noche!
Aunque el glorioso pájaro del alba.
rompa después mi lapidario ensueño,
un polvo de inquietud arda en mis ojos,
y me seas de nuevo
sólo una palma antigua, replegada
sobre el gran desierto.

La blanca soledad de Leopoldo Lugones.

Bajo la calma del sueño,
calma lunar, de luminosa seda,
la noche
como si fuera
el blando cuerpo del silencio,
dulcemente en la inmensidad se acuesta.
Y desata
su cabellera
en prodigioso follaje
de alamedas.

Nada vive sino el ojo
del reloj en la torre tétrica,
profundizando inútilmente el infinito
como un agujero abierto en la arena.
El infinito,
rodado por las ruedas
de los relojes,
como un carro que nunca llega.

La luna cava un blanco abismo
de quietud, en cuya cuenca
las cosas son cadáveres
y las sombras viven como ideas.
Y uno se pasma de lo próxima
que está la muerte en la blancura aquella,
de lo bello que es el mundo
poseído por la antigüedad de la luna llena,
y el ansia tristísima de ser amado
en el corazón doloroso tiembla.

Hay una ciudad en el aire,
una ciudad casi invisible suspensa,
cuyos vagos perfiles
sobre la clara noche transparentan,
como las rayas de agua en un pliego,
su cristalización poliédrica.
Una ciudad tan lejana,
que angustia con su absurda presencia.

¿Es una ciudad o un buque
en el que fuésemos abandonando la tierra,
callados y felices
y con tal pureza,
que sólo nuestras almas
en la blancura plenilunar vivieran?

Y de pronto cruza un vago
estremecimiento por la luz serena.
Las líneas se desvanecen,
la inmensidad cámbiase en blanca piedra,
y sólo permanece en la noche aciaga
la certidumbre de tu ausencia.

La luna de Jorge Luis Borges.

A María Kodama

Hay tanta soledad en ese oro.
La luna de las noches no es la luna
que vio el primer Adán. Los largos siglos
de la vigilia humana la han colmado
de antiguo llanto. Mírala. Es tu espejo.

Nocturno II

Canta el Moreno en La vuelta de Martín Fierro, XXX el Canto de la Noche “Le contesto humildemente: / la noche por canto tiene / esos ruidos que uno siente / sin saber por dónde vienen. // Son los secretos misterios / que las tinieblas esconden; / son los ecos que responden / a la voz del que da un grito, / como un lamento infinito / que viene no sé de dónde. // A las sombras sólo el sol / las penetra y las impone;  / en distintas direcciones / se oyen rumores inciertos: / son almas de los que han muerto / que nos piden oraciones.” Los hombres inventaron la noche. “A lo largo de sus generaciones / los hombres erigieron la noche. / En el principio era ceguera y sueño / y espinas que laceran el pie desnudo / y temor de los lobos. / (…) / Ahora la sentimos inagotable / como un antiguo vino / y nadie puede contemplarla sin vértigo / y el tiempo la ha cargado de eternidad.” se lee en la Historia de la noche de Borges y sostiene Pizarnik en Sous la nuit “Toda la noche escribo para buscar a quien me busca. / Palabra por palabra yo escribo la noche.” [Parte tres aquí]

Fragmento del segundo Nocturno de Los trabajos perdidos de Álvaro Mutis.

Esta noche ha vuelto la lluvia sobre los cafetales.
Sobre las hojas de plátano,
sobre las altas ramas de los cámbulos,
ha vuelto a llover esta noche un agua persistente y vastísima
que crece las acequias y comienza a henchir los ríos
que gimen con su nocturna carga de lodos vegetales.
Ahora, de repente, en mitad de la noche
ha regresado la lluvia sobre los cafetales
y entre el vocerío vegetal de las aguas
me llega la intacta materia de otros días
salvada del ajeno trabajo de los años.

Fragmento de La isla de Juan Gustavo Cobo Borda.

Entre ruinas
Ulises escucha
el tramposo canto
de todas las sirenas
mintiéndole una isla,
el nocturno aceite
de una cabellera extendida.

Pero en la noche
subsisten
los largos aullidos
de perras en celo
guiándolo,
con fingida coquetería,
hacia el insondable abismo.

La tumba siempre abierta
de sus cuerpos tibios.

Ciudad sin sueño de Federico García Lorca, que lleva como subtítulo Nocturno del Brooklyn Bridge.

No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Las criaturas de la luna huelen y rondan sus cabañas.
Vendrán las iguanas vivas a morder a los hombres que no sueñan
y el que huye con el corazón roto encontrará por las esquinas
al increíble cocodrilo quieto bajo la tierna protesta de los astros.

No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Hay un muerto en el cementerio más lejano
que se queja tres años
porque tiene un paisaje seco en la rodilla;
y el niño que enterraron esta mañana lloraba tanto
que hubo necesidad de llamar a los perros para que callase.

No es sueño la vida. ¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta!
Nos caemos por las escaleras para comer la tierra húmeda
o subimos al filo de la nieve con el coro de las dalias muertas.
Pero no hay olvido, ni sueño:
carne viva. Los besos atan las bocas
en una maraña de venas recientes
y al que le duele su dolor le dolerá sin descanso
y al que teme la muerte la llevará sobre sus hombros.

Un día
los caballos vivirán en las tabernas
y las hormigas furiosas
atacarán los cielos amarillos que se refugian en los ojos de las vacas.

Otro día
veremos la resurrección de las mariposas disecadas
y aún andando por un paisaje de esponjas grises y barcos mudos
veremos brillar nuestro anillo y manar rosas de nuestra lengua.
¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta!
A los que guardan todavía huellas de zarpa y aguacero,
a aquel muchacho que llora porque no sabe la invención del puente
o a aquel muerto que ya no tiene más que la cabeza y un zapato,
hay que llevarlos al muro donde iguanas y sierpes esperan,
donde espera la dentadura del oso,
donde espera la mano momificada del niño
y la piel del camello se eriza con un violento escalofrío azul.

No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Pero si alguien cierra los ojos,
¡azotadlo, hijos míos, azotadlo!

Haya un panorama de ojos abiertos
y amargas llagas encendidas.

No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.
Ya lo he dicho.
No duerme nadie.
Pero si alguien tiene por la noche exceso de musgo en las sienes,
abrid los escotillones para que vea bajo la luna
las copas falsas, el veneno y la calavera de los teatros.

Ubi sunt

Dos ejemplos del ubi sunt y del tempo fugit. El uno de origen medieval y el otro latino, constituyen dos de los tópicos más recurrentes de la cultura occidental, ejemplo de ello es, por citar autores del siglo XX, The Hill, prólogo al Spoon River Anthology de Lee Masters que comienza con los famosos versos “Where are Elmer, Herman, Bert, Tom and Charley, / The weak of will, the strong of arm, the clown, the boozer, the fighter?” o el poema El tango de Borges que se pregunta “¿Qué oscuros callejones o qué yermo / del otro mundo habitará la dura / sombra de aquel que era una sombra oscura, / Muraña, ese cuchillo de Palermo?”.

Fragmento de las Coplas por la muerte de su padre de Jorge Manrique. 

XVI
¿Qué se hizo el rey don Joan?
Los infantes d’Aragón
¿qué se hizieron?
¿Qué fue de tanto galán,
qué de tanta invinción
como truxeron?
¿Fueron sino devaneos,
qué fueron sino verduras
de las eras,
las justas e los torneos,
paramentos, bordaduras
e çimeras?

XVII
¿Qué se hizieron las damas,
sus tocados e vestidos,
sus olores?
¿Qué se hizieron las llamas
de los fuegos encendidos
d’amadores?
¿Qué se hizo aquel trovar,
las músicas acordadas
que tañían?
¿Qué se hizo aquel dançar,
aquellas ropas chapadas
que traían?

XIX
Las dávidas desmedidas,
los edeficios reales
llenos d’oro,
las vaxillas tan fabridas
los enriques e reales
del tesoro,
los jaezes, los caballos
de sus gentes e atavíos
tan sobrados
¿dónde iremos a buscallos?;
¿qué fueron sino rocíos
de los prados?

XXIV
Las huestes inumerables,
los pendones, estandartes
e banderas,
los castillos impugnables,
los muros e balüartes
e barreras,
la cava honda, chapada,
o cualquier otro reparo,
¿qué aprovecha?
Cuando tú vienes airada,
todo lo passas de claro
con tu flecha.

Poema 74 de Emily Dickinson.

This quiet Dust was Gentlemen and Ladies,
and Lads and Girls;
was laughter and ability and sighing,
and frocks and curls.

This passive place a Summer’s nimble mansion,
where Bloom and Bees
fulfilled their Oriental Circuit,
then ceased like these.

[Traducción de Saúl Steiner: Este tranquilo Polvo fue Caballeros y Damas, / y Muchachos y Chicas; / fue risa y destreza y suspiros / y trajes y rizos. / Este estático lugar, una agitada casona de Verano / donde Flores y Abejas / realizaron su Circuito Oriental, / para cesar ellas también. ]

El continuo ejercicio impostergable

Sobre el doblaje, de Jorge Luis Borges publicado inicialmente en el número 128 de la revista Sur, de junio de 1945 y recogido en una edición posterior de Discusión junto a otras notas del estilo.

Las posibilidades del arte de combinar no son infinitas, pero suelen ser espantosas. Los griegos engendraron la quimera, monstruo con cabeza de león, con cabeza de dragón, con cabeza de cabra; los teólogos del siglo II, la Trinidad, en la que inextricablemente se articulan el Padre, el Hijo y el Espíritu; los zoólogos chinos, el ti yiang, pájaro sobrenatural y bermejo, provisto de seis patas y cuatro alas, pero sin cara ni ojos; los geómetras del siglo XIX, el hipercubo, figura de cuatro dimensiones, que encierra un número infinito de cubos y que esta limitada por ocho cubos y por veinticuatro cuadrados. Hollywood acaba de enriquecer ese vano museo teratológico; por obra de un maligno artificio que se llama doblaje, propone monstruos que combinan las ilustres facciones de Greta Garbo con la voz de Aldonza Lorenzo. ¿Cómo no publicar nuestra admiración ante ese prodigio penoso, ante esas industriosas anomalías fonético-visuales?
Quienes defienden el doblaje, razonaran (tal vez) que las objeciones que pueden oponérsele pueden oponerse, también, a cualquier otro ejemplo de traducción. Ese argumento desconoce, o elude, el defecto central: el arbitrario injerto de otra voz y de otro lenguaje. La voz de Hepburn o de Garbo no es contingente; es, para el mundo, uno de los atributos que las definen. Cabe asimismo recordar que la mímica del inglés no es la del español*.
Oigo decir que en las provincias el doblaje ha gustado. Trátase de un simple argumento de autoridad; mientras no se publiquen los silogismos de los connaiseurs de Chilecito o de Chivilcoy, yo, por lo menos, no me dejaré intimidar. También oigo decir que el doblaje es deleitable, o tolerable, para los que no saben inglés. Mi conocimiento del inglés es menos perfecto que mi desconocimiento del ruso; con todo, yo no me resignaría a rever Alexander Nevsky en otro idioma que el primitivo y lo vería con fervor, por novena o décima vez, si dieran la versión original, o una que yo creyera la original. Esto último es importante; peor que el doblaje, peor que la sustitución que importa el doblaje, es la conciencia general de una sustitución, de un engaño.
No hay partidario del doblaje que no acabe por invocar la predestinación y el determinismo. Juran que ese expediente es el fruto de una evolución implacable y que pronto podremos elegir entre ver films doblados y no ver films. Dada la decadencia mundial del cinematógrafo (apenas corregida por alguna solitaria excepción como La máscara de Demetrio), la segunda de esas alternativas no es dolorosa. Recientes mamarrachos —pienso en El diario de un nazi, de Moscú, en La historia del doctor Wassell, de Hollywood— nos instan a juzgarla una suerte de paraíso negativo. Sight-seeing is the art of disappointment, dejó anotado Stevenson; esa definición conviene al cinematógrafo y, con triste frecuencia, al continuo ejercicio impostergable que se llama vivir.

* Más de un espectador se pregunta: Ya que hay usurpación de voces ¿por qué no también de figuras? ¿Cuándo será perfecto el sistema? ¿Cuándo veremos directamente a Juana González, en el papel de Greta Garbo, en el papel de la Reina Cristina de Suecia?

El sueño de Dante

Fragmento del tercer capítulo de la Vita nuova de Dante, que cuenta la visión que tiene la noche en que muere Beatrice. En la Comedia, cuando Dante se encuentra con Beatrice, ésta está de rojo, rodeada de extraños seres (símbolos) Borges, en uno de sus Nueve ensayos dantescos indica que “Dante, muerta Beatriz, perdida para siempre Beatriz, jugó con la ficción de encontrarla, para mitigar su tristeza; yo tengo para mí que edificó la triple arquitectura de su poema para intercalar ese encuentro. Le ocurrió entonces lo que suele ocurrir en los sueños, manchándolo de tristes estorbos. Tal fue el caso de Dante. Negado para siempre por Beatriz, soñó con Beatriz, pero la soñó severísima, pero la soñó inaccesible, pero la soñó en un carro tirado por un león que era un pájaro y que era todo pájaro o todo león cuando los ojos de Beatriz lo esperaban (Purgatorio, XXXI, 121).”

E pensando di lei, mi sopragiunse uno soave sonno, ne lo quale m’apparve una maravigliosa visione: che me parea vedere ne la mia camera una nebula di colore di fuoco, dentro a la quale io discernea una figura d’uno segnore di pauroso aspetto a chi la guardasse; e pareami con tanta letizia, quanto a sé, che mirabile cosa era; e ne le sue parole dicea molte cose, le quali io non intendea se non poche; tra le quali intendea queste: “Ego dominus tuus”.
Ne le sue braccia mi parea vedere una persona dormire nuda, salvo che involta mi parea in uno drappo sanguigno leggeramente; la quale io riguardando molto intentivamente, conobbi ch’era la donna de la salute, la quale m’avea lo giorno dinanzi degnato di salutare.
E ne l’una de le mani mi parea che questi tenesse una cosa la quale ardesse tutta, e pareami che mi dicesse queste parole: “Vide cor tuum”.
E quando elli era stato alquanto, pareami che disvegliasse questa che dormia; e tanto si sforzava per suo ingegno, che le facea mangiare questa cosa che in mano li ardea, la quale ella mangiava dubitosamente.
Appresso ciò poco dimorava che la sua letizia si convertia in amarissimo pianto; e così piangendo, si ricogliea questa donna ne le sue braccia, e con essa mi parea che si ne gisse verso lo cielo; onde io sostenea sì grande angoscia, che lo mio deboletto sonno non poteo sostenere, anzi si ruppe e fui disvegliato.
E mantenente cominciai a pensare, e trovai che l’ora ne la quale m’era questa visione apparita, era la quarta de la notte stata; sì che appare manifestamente ch’ella fue la prima ora de le nove ultime ore de la notte.

[Traducción al inglés de Dante Gabriel Rossetti: And betaking me to the loneliness of mine own room, I fell to thinking of this most courteous lady, thinking of whom I was overtaken by a pleasant slumber, wherein a marvellous vision was presented to me: for there appeared to be in my room a mist of the colour of fire, within the which I discerned the figure of a lord of terrible aspect to such as should gaze upon him, but who seemed therewithal to rejoice inwardly that it was a marvel to see. Speaking he said many things, among the which I could understand but few; and of these, this: Ego dominus tuus. In his arms it seemed to me that a person was sleeping, covered only with a blood-coloured cloth; upon whom looking very attentively, I knew that it was the lady of the salutation who had deigned the day before to salute me. And he who held her held also in his hand a thing that was burning in flames; and he said to me, Vide cor tuum. But when he had remained with me a little while, I thought that he set himself to awaken her that slept; after the which he made her to eat that thing which flamed in his hand; and she ate as one fearing. Then, having waited again a space, all his joy was turned into most bitter weeping; and as he wept he gathered the lady into his arms, and it seemed to me that he went with her up towards heaven: whereby such a great anguish came upon me that my light slumber could not endure through it, but was suddenly broken. And immediately having considered, I knew that the hour wherein this vision had been made manifest to me was the fourth hour (which is to say, the first of the nine last hours) of the night. Al español.]

Refutación

Dos refutaciones a teorías distintas, pero de algún modo hermanas. Teorías hermanas y refutaciones hermanas. Una, encontrada en el libro sexto de las Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres de Diógenes Laercio, corresponde a la teoría de Zenón de Elea, refutada por Diógenes de Sinope (la respuesta que pasó a la historia como el concepto de solvitur ambulando, posible lema del empirismo). La otra, pertenece a la Life of Samuel Johnson, fragmento sobre el cual Bioy Casares y Borges, lectores asiduos del libro de James Boswell, se refirieron en los siguientes términos “ABC: Fue su peor momento. JLB: He was at the lowest ebb. ABC: Johnson no estuvo muy feliz, pero en definitiva, expresó, de manera burda, lo que todos sentimos: que el idealismo es increíble.”

Sigue leyendo “Refutación”