Nocturno II

Canta el Moreno en La vuelta de Martín Fierro, XXX el Canto de la Noche “Le contesto humildemente: / la noche por canto tiene / esos ruidos que uno siente / sin saber por dónde vienen. // Son los secretos misterios / que las tinieblas esconden; / son los ecos que responden / a la voz del que da un grito, / como un lamento infinito / que viene no sé de dónde. // A las sombras sólo el sol / las penetra y las impone;  / en distintas direcciones / se oyen rumores inciertos: / son almas de los que han muerto / que nos piden oraciones.” Los hombres inventaron la noche. “A lo largo de sus generaciones / los hombres erigieron la noche. / En el principio era ceguera y sueño / y espinas que laceran el pie desnudo / y temor de los lobos. / (…) / Ahora la sentimos inagotable / como un antiguo vino / y nadie puede contemplarla sin vértigo / y el tiempo la ha cargado de eternidad.” se lee en la Historia de la noche de Borges y sostiene Pizarnik en Sous la nuit “Toda la noche escribo para buscar a quien me busca. / Palabra por palabra yo escribo la noche.” [Parte tres aquí]

Fragmento del segundo Nocturno de Los trabajos perdidos de Álvaro Mutis.

Esta noche ha vuelto la lluvia sobre los cafetales.
Sobre las hojas de plátano,
sobre las altas ramas de los cámbulos,
ha vuelto a llover esta noche un agua persistente y vastísima
que crece las acequias y comienza a henchir los ríos
que gimen con su nocturna carga de lodos vegetales.
Ahora, de repente, en mitad de la noche
ha regresado la lluvia sobre los cafetales
y entre el vocerío vegetal de las aguas
me llega la intacta materia de otros días
salvada del ajeno trabajo de los años.

Fragmento de La isla de Juan Gustavo Cobo Borda.

Entre ruinas
Ulises escucha
el tramposo canto
de todas las sirenas
mintiéndole una isla,
el nocturno aceite
de una cabellera extendida.

Pero en la noche
subsisten
los largos aullidos
de perras en celo
guiándolo,
con fingida coquetería,
hacia el insondable abismo.

La tumba siempre abierta
de sus cuerpos tibios.

Ciudad sin sueño de Federico García Lorca, que lleva como subtítulo Nocturno del Brooklyn Bridge.

No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Las criaturas de la luna huelen y rondan sus cabañas.
Vendrán las iguanas vivas a morder a los hombres que no sueñan
y el que huye con el corazón roto encontrará por las esquinas
al increíble cocodrilo quieto bajo la tierna protesta de los astros.

No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Hay un muerto en el cementerio más lejano
que se queja tres años
porque tiene un paisaje seco en la rodilla;
y el niño que enterraron esta mañana lloraba tanto
que hubo necesidad de llamar a los perros para que callase.

No es sueño la vida. ¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta!
Nos caemos por las escaleras para comer la tierra húmeda
o subimos al filo de la nieve con el coro de las dalias muertas.
Pero no hay olvido, ni sueño:
carne viva. Los besos atan las bocas
en una maraña de venas recientes
y al que le duele su dolor le dolerá sin descanso
y al que teme la muerte la llevará sobre sus hombros.

Un día
los caballos vivirán en las tabernas
y las hormigas furiosas
atacarán los cielos amarillos que se refugian en los ojos de las vacas.

Otro día
veremos la resurrección de las mariposas disecadas
y aún andando por un paisaje de esponjas grises y barcos mudos
veremos brillar nuestro anillo y manar rosas de nuestra lengua.
¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta!
A los que guardan todavía huellas de zarpa y aguacero,
a aquel muchacho que llora porque no sabe la invención del puente
o a aquel muerto que ya no tiene más que la cabeza y un zapato,
hay que llevarlos al muro donde iguanas y sierpes esperan,
donde espera la dentadura del oso,
donde espera la mano momificada del niño
y la piel del camello se eriza con un violento escalofrío azul.

No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Pero si alguien cierra los ojos,
¡azotadlo, hijos míos, azotadlo!

Haya un panorama de ojos abiertos
y amargas llagas encendidas.

No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.
Ya lo he dicho.
No duerme nadie.
Pero si alguien tiene por la noche exceso de musgo en las sienes,
abrid los escotillones para que vea bajo la luna
las copas falsas, el veneno y la calavera de los teatros.

Ubi sunt

Dos ejemplos del ubi sunt y del tempo fugit. El uno de origen medieval y el otro latino, constituyen dos de los tópicos más recurrentes de la cultura occidental, ejemplo de ello es, por citar autores del siglo XX, The Hill, prólogo al Spoon River Anthology de Lee Masters que comienza con los famosos versos “Where are Elmer, Herman, Bert, Tom and Charley, / The weak of will, the strong of arm, the clown, the boozer, the fighter?” o el poema El tango de Borges que se pregunta “¿Qué oscuros callejones o qué yermo / del otro mundo habitará la dura / sombra de aquel que era una sombra oscura, / Muraña, ese cuchillo de Palermo?”.

Fragmento de las Coplas por la muerte de su padre de Jorge Manrique. 

XVI
¿Qué se hizo el rey don Joan?
Los infantes d’Aragón
¿qué se hizieron?
¿Qué fue de tanto galán,
qué de tanta invinción
como truxeron?
¿Fueron sino devaneos,
qué fueron sino verduras
de las eras,
las justas e los torneos,
paramentos, bordaduras
e çimeras?

XVII
¿Qué se hizieron las damas,
sus tocados e vestidos,
sus olores?
¿Qué se hizieron las llamas
de los fuegos encendidos
d’amadores?
¿Qué se hizo aquel trovar,
las músicas acordadas
que tañían?
¿Qué se hizo aquel dançar,
aquellas ropas chapadas
que traían?

XIX
Las dávidas desmedidas,
los edeficios reales
llenos d’oro,
las vaxillas tan fabridas
los enriques e reales
del tesoro,
los jaezes, los caballos
de sus gentes e atavíos
tan sobrados
¿dónde iremos a buscallos?;
¿qué fueron sino rocíos
de los prados?

XXIV
Las huestes inumerables,
los pendones, estandartes
e banderas,
los castillos impugnables,
los muros e balüartes
e barreras,
la cava honda, chapada,
o cualquier otro reparo,
¿qué aprovecha?
Cuando tú vienes airada,
todo lo passas de claro
con tu flecha.

Poema 74 de Emily Dickinson.

This quiet Dust was Gentlemen and Ladies,
and Lads and Girls;
was laughter and ability and sighing,
and frocks and curls.

This passive place a Summer’s nimble mansion,
where Bloom and Bees
fulfilled their Oriental Circuit,
then ceased like these.

[Traducción de Saúl Steiner: Este tranquilo Polvo fue Caballeros y Damas, / y Muchachos y Chicas; / fue risa y destreza y suspiros / y trajes y rizos. / Este estático lugar, una agitada casona de Verano / donde Flores y Abejas / realizaron su Circuito Oriental, / para cesar ellas también. ]

El continuo ejercicio impostergable

Sobre el doblaje, de Jorge Luis Borges publicado inicialmente en el número 128 de la revista Sur, de junio de 1945 y recogido en una edición posterior de Discusión junto a otras notas del estilo.

Las posibilidades del arte de combinar no son infinitas, pero suelen ser espantosas. Los griegos engendraron la quimera, monstruo con cabeza de león, con cabeza de dragón, con cabeza de cabra; los teólogos del siglo II, la Trinidad, en la que inextricablemente se articulan el Padre, el Hijo y el Espíritu; los zoólogos chinos, el ti yiang, pájaro sobrenatural y bermejo, provisto de seis patas y cuatro alas, pero sin cara ni ojos; los geómetras del siglo XIX, el hipercubo, figura de cuatro dimensiones, que encierra un número infinito de cubos y que esta limitada por ocho cubos y por veinticuatro cuadrados. Hollywood acaba de enriquecer ese vano museo teratológico; por obra de un maligno artificio que se llama doblaje, propone monstruos que combinan las ilustres facciones de Greta Garbo con la voz de Aldonza Lorenzo. ¿Cómo no publicar nuestra admiración ante ese prodigio penoso, ante esas industriosas anomalías fonético-visuales?
Quienes defienden el doblaje, razonaran (tal vez) que las objeciones que pueden oponérsele pueden oponerse, también, a cualquier otro ejemplo de traducción. Ese argumento desconoce, o elude, el defecto central: el arbitrario injerto de otra voz y de otro lenguaje. La voz de Hepburn o de Garbo no es contingente; es, para el mundo, uno de los atributos que las definen. Cabe asimismo recordar que la mímica del inglés no es la del español*.
Oigo decir que en las provincias el doblaje ha gustado. Trátase de un simple argumento de autoridad; mientras no se publiquen los silogismos de los connaiseurs de Chilecito o de Chivilcoy, yo, por lo menos, no me dejaré intimidar. También oigo decir que el doblaje es deleitable, o tolerable, para los que no saben inglés. Mi conocimiento del inglés es menos perfecto que mi desconocimiento del ruso; con todo, yo no me resignaría a rever Alexander Nevsky en otro idioma que el primitivo y lo vería con fervor, por novena o décima vez, si dieran la versión original, o una que yo creyera la original. Esto último es importante; peor que el doblaje, peor que la sustitución que importa el doblaje, es la conciencia general de una sustitución, de un engaño.
No hay partidario del doblaje que no acabe por invocar la predestinación y el determinismo. Juran que ese expediente es el fruto de una evolución implacable y que pronto podremos elegir entre ver films doblados y no ver films. Dada la decadencia mundial del cinematógrafo (apenas corregida por alguna solitaria excepción como La máscara de Demetrio), la segunda de esas alternativas no es dolorosa. Recientes mamarrachos —pienso en El diario de un nazi, de Moscú, en La historia del doctor Wassell, de Hollywood— nos instan a juzgarla una suerte de paraíso negativo. Sight-seeing is the art of disappointment, dejó anotado Stevenson; esa definición conviene al cinematógrafo y, con triste frecuencia, al continuo ejercicio impostergable que se llama vivir.

* Más de un espectador se pregunta: Ya que hay usurpación de voces ¿por qué no también de figuras? ¿Cuándo será perfecto el sistema? ¿Cuándo veremos directamente a Juana González, en el papel de Greta Garbo, en el papel de la Reina Cristina de Suecia?

El sueño de Dante

Fragmento del tercer capítulo de la Vita nuova de Dante, que cuenta la visión que tiene la noche en que muere Beatrice. En la Comedia, cuando Dante se encuentra con Beatrice, ésta está de rojo, rodeada de extraños seres (símbolos) Borges, en uno de sus Nueve ensayos dantescos indica que “Dante, muerta Beatriz, perdida para siempre Beatriz, jugó con la ficción de encontrarla, para mitigar su tristeza; yo tengo para mí que edificó la triple arquitectura de su poema para intercalar ese encuentro. Le ocurrió entonces lo que suele ocurrir en los sueños, manchándolo de tristes estorbos. Tal fue el caso de Dante. Negado para siempre por Beatriz, soñó con Beatriz, pero la soñó severísima, pero la soñó inaccesible, pero la soñó en un carro tirado por un león que era un pájaro y que era todo pájaro o todo león cuando los ojos de Beatriz lo esperaban (Purgatorio, XXXI, 121).”

E pensando di lei, mi sopragiunse uno soave sonno, ne lo quale m’apparve una maravigliosa visione: che me parea vedere ne la mia camera una nebula di colore di fuoco, dentro a la quale io discernea una figura d’uno segnore di pauroso aspetto a chi la guardasse; e pareami con tanta letizia, quanto a sé, che mirabile cosa era; e ne le sue parole dicea molte cose, le quali io non intendea se non poche; tra le quali intendea queste: “Ego dominus tuus”.
Ne le sue braccia mi parea vedere una persona dormire nuda, salvo che involta mi parea in uno drappo sanguigno leggeramente; la quale io riguardando molto intentivamente, conobbi ch’era la donna de la salute, la quale m’avea lo giorno dinanzi degnato di salutare.
E ne l’una de le mani mi parea che questi tenesse una cosa la quale ardesse tutta, e pareami che mi dicesse queste parole: “Vide cor tuum”.
E quando elli era stato alquanto, pareami che disvegliasse questa che dormia; e tanto si sforzava per suo ingegno, che le facea mangiare questa cosa che in mano li ardea, la quale ella mangiava dubitosamente.
Appresso ciò poco dimorava che la sua letizia si convertia in amarissimo pianto; e così piangendo, si ricogliea questa donna ne le sue braccia, e con essa mi parea che si ne gisse verso lo cielo; onde io sostenea sì grande angoscia, che lo mio deboletto sonno non poteo sostenere, anzi si ruppe e fui disvegliato.
E mantenente cominciai a pensare, e trovai che l’ora ne la quale m’era questa visione apparita, era la quarta de la notte stata; sì che appare manifestamente ch’ella fue la prima ora de le nove ultime ore de la notte.

[Traducción al inglés de Dante Gabriel Rossetti: And betaking me to the loneliness of mine own room, I fell to thinking of this most courteous lady, thinking of whom I was overtaken by a pleasant slumber, wherein a marvellous vision was presented to me: for there appeared to be in my room a mist of the colour of fire, within the which I discerned the figure of a lord of terrible aspect to such as should gaze upon him, but who seemed therewithal to rejoice inwardly that it was a marvel to see. Speaking he said many things, among the which I could understand but few; and of these, this: Ego dominus tuus. In his arms it seemed to me that a person was sleeping, covered only with a blood-coloured cloth; upon whom looking very attentively, I knew that it was the lady of the salutation who had deigned the day before to salute me. And he who held her held also in his hand a thing that was burning in flames; and he said to me, Vide cor tuum. But when he had remained with me a little while, I thought that he set himself to awaken her that slept; after the which he made her to eat that thing which flamed in his hand; and she ate as one fearing. Then, having waited again a space, all his joy was turned into most bitter weeping; and as he wept he gathered the lady into his arms, and it seemed to me that he went with her up towards heaven: whereby such a great anguish came upon me that my light slumber could not endure through it, but was suddenly broken. And immediately having considered, I knew that the hour wherein this vision had been made manifest to me was the fourth hour (which is to say, the first of the nine last hours) of the night. Al español.]

Refutación

Dos refutaciones a teorías distintas, pero de algún modo hermanas. Teorías hermanas y refutaciones hermanas. Una, encontrada en el libro sexto de las Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres de Diógenes Laercio, corresponde a la teoría de Zenón de Elea, refutada por Diógenes de Sinope (la respuesta que pasó a la historia como el concepto de solvitur ambulando, posible lema del empirismo). La otra, pertenece a la Life of Samuel Johnson, fragmento sobre el cual Bioy Casares y Borges, lectores asiduos del libro de James Boswell, se refirieron en los siguientes términos “ABC: Fue su peor momento. JLB: He was at the lowest ebb. ABC: Johnson no estuvo muy feliz, pero en definitiva, expresó, de manera burda, lo que todos sentimos: que el idealismo es increíble.”

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Porpora de’ giardin, pompa de’ prati

 

Landscape with Polifemus - Poussin

Patroclus - David

provence

TWOMBLY - Hero and Leandro [Part 1 of 4] (1984, Bassano in Teverina)

En el Paysage avec Polyphème de Poussin veo un parentesco con Goya que Frédéric Jiméno Solé asegura (sin nombrar esa obra). Por otra parte, lo aprendido del maestro, discípulo de griegos y romanos, cobra formas diversas en las figuras humanas de David (la posición de su Patrocle es un claro ejemplo), en los sólidos paisajes de Cézanne (elegí sus Montagnes en Provence por puro capricho, podría haber sido otra) o en el juego compositivo de Twombly (la referencia es explícita en Hero and Leandro, part one, pieza de la exposición Twombly and Poussin: Arcadian Painters). La lista es larga; a través de sus admiradores Poussin llega a algunos de los pintores más importantes de los siglos XIX y XX: Ingres, Picasso, Matisse…

El nombre de la entrada corresponde a un verso del poema de Giovan Battista Marino Rosa riso d’amor, con quien Poussin tuvo una interesante relación. El verso es citado por Borges en su prosa breve Una rosa amarilla.

Kubla Khan

Tras rever Citizen Kane releí el maravilloso poema de T. S. Coleridge que da nombre a la entrada. El misterio que rodea su creación (que cuenta Borges en su célebre ensayo El sueño de Coleridge) no es menos maravilloso que su edificio.

In Xanadu did Kubla Khan
A stately pleasure-dome decree:
Where Alph, the sacred river, ran
Through caverns measureless to man
Down to a sunless sea.
So twice five miles of fertile ground
With walls and towers were girdled round:
And there were gardens bright with sinuous rills,
Where blossomed many an incense-bearing tree;
And here were forests ancient as the hills,
Enfolding sunny spots of greenery.

But oh! that deep romantic chasm which slanted
Down the green hill athwart a cedarn cover!
A savage place! as holy and enchanted
As e’er beneath a waning moon was haunted
By woman wailing for her demon-lover!
And from this chasm, with ceaseless turmoil seething,
As if this earth in fast thick pants were breathing,
A mighty fountain momently was forced:
Amid whose swift half-intermitted burst
Huge fragments vaulted like rebounding hail,
Or chaffy grain beneath the thresher’s flail:
And ‘mid these dancing rocks at once and ever
It flung up momently the sacred river.
Five miles meandering with a mazy motion
Through wood and dale the sacred river ran,
Then reached the caverns measureless to man,
And sank in tumult to a lifeless ocean:
And ‘mid this tumult Kubla heard from far
Ancestral voices prophesying war!

The shadow of the dome of pleasure
Floated midway on the waves;
Where was heard the mingled measure
From the fountain and the caves.
It was a miracle of rare device,
A sunny pleasure-dome with caves of ice!
A damsel with a dulcimer
In a vision once I saw:
It was an Abyssinian maid,
And on her dulcimer she played,
Singing of Mount Abora.
Could I revive within me
Her symphony and song,
To such a deep delight ‘twould win me,
That with music loud and long,
I would build that dome in air,
That sunny dome! those caves of ice!
And all who heard should see them there,
And all should cry, Beware! Beware!
His flashing eyes, his floating hair!
Weave a circle round him thrice,
And close your eyes with holy dread,
For he on honey-dew hath fed,
And drunk the milk of Paradise.

[Traducción en prosa de Saúl Steiner: En Xanadu decretó Kubla Khan un majestuoso palacio de placer: donde Alfa, el río sagrado, corre a través de cavernas inmensurables para el hombre hacia un mar sin sol. Así, dos veces cinco millas de tierra fértil con muros y torres fueron rodeadas; y había jardines brillantes con arroyos sinuosos, donde florecían muchos árboles de incienso; y había bosques antiguos como las colinas cubriendo los soleados espacios de follaje. // Pero, ¡Oh! ¡aquel abismo romántico que se inclinó colina verde abajo a través de un bosque de cedros! ¡Salvaje lugar! ¡sagrado y encantado como si lo hubiera hechizado bajo una luna menguante una mujer gimiendo por su amante-demonio! Y desde este abismo, con incesante torbellino hirviente, como si esta tierra respirara en rápidos y torpes jadeos, una fuente poderosa fue forzada en un instante: y en medio su veloz ráfaga intermitente grandes fragmentos lanzó como granizo, o como cascara de trigo bajo el mayal del trillador y en medio de esas rocas danzarinas de una vez y para siempre brotó violento el río sagrado. Cinco millas serpenteando con un movimiento laberíntico a través del bosque y el valle el río sagrado corrió, hasta que encontró las cavernas inmensurables para el hombre, y se hundió tumultuoso en un océano sin vida; ¡y en medio de este tumulto Kubla oyó desde lejos ancestrales voces profetizando guerra! La sombra del palacio de placer flotó en medio de las olas; donde se oía el compás mezclado de la fuente y las cavernas. Era un extraño milagro, ¡un soleado palacio de placer con cavernas de hielo! // Una damisela con un dulcémele en una visión que vi una vez: era una criada Abisinia y en su dulcémele tocaba, cantando, sobre el Monte Abora. Si reviviera en mí su sinfonía y canción, tal profundo deleite me ganaría, y con música fuerte y duradera, construiría aquél palacio en el aire, ¡aquél soleado palacio! ¡aquellas cavernas de hielo! Y todos los que oyeran las verían allí y todos gritarían, ¡Cuidado! ¡Cuidado! ¡Sus ojos centelleantes, su cabello flotando! Tejedle un círculo alrededor tres veces, y cerrad sus ojos con temor sagrado porque él se ha alimentado de néctar y bebió la leche del Paraíso.]

Prometeo

 

Prometheus de Franz Kafka.

Von Prometheus berichten vier Sagen:
Nach der ersten wurde er, weil er die Götter an die Menschen verraten hatte, am Kaukasus festgeschmiedet, und die Götter schickten Adler, die von seiner immer wachsenden Leber fraßen.
Nach der zweiten drückte sich Prometheus im Schmerz vor den zuhackenden Schnäbeln immer tiefer in den Felsen, bis er mit ihm eins wurde.
Nach der dritten wurde in den Jahrtausenden sein Verrat vergessen, die Götter vergaßen, die Adler, er selbst.
Nach der vierten wurde man des grundlos Gewordenen müde. Die Götter wurden müde, die Adler wurden müde, die Wunde schloß sich müde.
Blieb das unerklärliche Felsgebirge. – Die Sage versucht das Unerklärliche zu erklären. Da sie aus einem Wahrheitsgrund kommt, muß sie wieder im Unerklärlichen enden.

[Traducción de Jorge Luis Borges: De Prometeo informan cuatro leyendas. // Según la primera, fue amarrado al Cáucaso por haber revelado a los hombres los secretos divinos, y los dioses mandaron águilas a devorar su hígado, perpetuamente renovado. // Según la segunda, Prometeo, aguijoneado por el dolor de los picos desgarradores, se fue hundiendo en la roca hasta compenetrarse con ella. // Según la tercera, la traición fue olvidada en el curso de los siglos. Los dioses lo olvidaron, las águilas lo olvidaron, él mismo lo olvidó. // Según la cuarta, se cansaron de esa historia insensata. Se cansaron los dioses, se cansaron las águilas, la herida se cerró de cansancio. // Quedó el inexplicable peñasco. // La leyenda quiere explicar lo inexplicable. // Como nacida de una verdad, tiene que volver a lo inexplicable.]

Llueve

De distintos autores, de distintos estilos, de (no tan) distintos tiempos y lugares. Cinco aproximaciones a la lluvia.

Poema 31 de Idea Vilariño.

Llueve a cántaros
llueve
tantos años
que llueve
que en la habitación triste
sin luz
escucho
miro.

Lluvia de Raúl González Tuñón.

Entonces comprendimos que la lluvia también era hermosa.
De cualquier manera la lluvia es saludable y triste.
De cualquier manera sus tambores acunan nuestras noches y la lectura tranquila corre a su lado por los canales del sueño.
Tú venías hacia mí y los otros seres pasaban:
No habían despertado todavía al amor.
No sabían nada de nosotros.
De nuestro secreto.
Ignoraban la intimidad de nuestros abrazos voluptuosos, la ternura de nuestra fatiga.
Estamos solos bajo la lluvia, solos en nuestro compartido, en nuestro apretado destino, en nuestra posible muerte única, en nuestra posible resurrección.
Te quiero con toda la ternura de la lluvia.
Te quiero con toda la furia de la lluvia.
Te quiero con todos los violines de la lluvia.
Tú estás arriba, suntuosa y bíblica, pero tan humana, increíble, pero, tan real, numerosa, pero tan mía.
Yo te veo hasta en la sombra imprecisa del sueño.
Oh, visitante.
Ya es seguro que ningún desvío nos separará.
Iguales luces señaleras nos atraen hacia la compartida vida, hacia el destino único.
Ambos nos ayudaremos para subir la callejuela empinada.
Ni en nuestra carne ni en nuestro espíritu nunca pasaremos la línea del otoño.
Porque la intensidad de nuestro amor es tan grande, tan poderosa, que no nos daremos cuenta cuando todo haya muerto, cuando tú y yo seamos sombras, y todavía estemos pegados, juntos, subiendo siempre la callejuela sin fin de una pasión irremediable.
Oh, visitante.
Estoy lleno de tu vida y de tu muerte.
Estoy tocado de tu destino.
Al extremo de que nada te pertenece sino yo.
Al extremo de que nada me pertenece sino tú.
Sin embargo yo quería hablar de la lluvia, igual, pero distinta.

La lluvia es bella y triste y acaso nuestro amor sea bello y triste y acaso esa tristeza sea una manera sutil de la alegría. Oh, íntima, recóndita alegría.
Estoy tocado de tu destino.
Oh, lluvia. Oh, generosa.

Apuntes de lluvia de Circe Maia.

I
Salimos a mirar la creciente. Figuras invertidas
de casas y de árboles
en calles inundadas.

Volvimos casi noche y empezada otra vez
a lloviznar, despacio.
Atrás quedó el extraño
paisaje doble, imagen
de angustia quieta: débiles
paredes, niños descalzos, ranchos
ventanas negras.
Alrededor, el agua.

II
Si se va a desatar la lluvia ahora
mejor sería esperar, sentarse afuera
sentir llegar, antes que esté, el sonido
claro aliento, frescura.

Con su ruido parejo
baja la sombra.
De anochecer lloviendo sobre calles y casas
golpeando el vidrio y cal, sentir sus filos
cortando el aire quieto.

La lluvia de Jorge Luis Borges.

Bruscamente la tarde se ha aclarado
porque ya cae la lluvia minuciosa.
Cae o cayó. La lluvia es una cosa
que sin duda sucede en el pasado.

Quien la oye caer ha recobrado
el tiempo en que la suerte venturosa
le reveló una flor llamada rosa
y el curioso color del colorado.

Esta lluvia que ciega los cristales
alegrará en perdidos arrabales
las negras uvas de una parra en cierto

patio que ya no existe. La mojada
tarde me trae la voz, la voz deseada,
de mi padre que vuelve y que no ha muerto.