Una semana de bravura

Hace unas semanas empecé a leer Bravura, de Emmanuel Carrère. Publicada originalmente en 1984, recién el año pasado fue traducida al español y editada por Anagrama. La novela, que se centra en la famosa “noche de los monstruos” y en las figuras de Percy Bysshe Shelley, su futura esposa Mary Wollstonecraft Godwin, Lord Byron y su médico y secretario John William Polidori, me hizo ver algunas que hace tiempo vengo pensando en torno a Oscar Wilde, a Rubén Darío, a Andy Warhol… El dandismo, la superficialidad, los mundos imaginados. Términos que tienen mucho de condena y que obstruyen una lectura inteligente de la bohemia del siglo XIX y posterior, imposibilitando la comprensión total de un fenómeno principal para el arte. Por eso, cuando escribí la reseña de la novela aproveché para traducir algunos fragmentos y reivindicar un costado de los artistas que Carrère transforma en personajes que me parece crucial.

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Byron y Shelley

Según constata Eleanor Marx, su padre solía decir que la diferencia entre Byron y Shelley era que “los que los entienden y los aman se alegran de que Byron muriera a los treinta y seis años, porque de haber vivido se habría convertido en un burgués reaccionario” y “se entristecen de que Shelley muriera a los veintinueve, porque era esencialmente un revolucionario, y habría sido parte de la vanguardia del Socialismo”. Traduzco dos hermosos poemas suyos.

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El sueño de Homero

Dicen Byron en el canto tercero de su Don Juan “We learn from Horace, Homer sometimes sleeps; / we feel without him: Wordsworth sometimes wakes” y Pope en An Essay on Criticism “Those oft are Stratagems which Errors seem, / nor is it Homer Nods, but We that Dream”; haciendo referencia ambos, es claro, a la Epístola a los Pisones, arte poética de Horacio, de la que extraje los siguientes versos.

Sunt delicta tamen quibus ignovisse velimus.
Nam neque chorda sonum reddit, quem volut manus et mens,
poscentique gravem persaepe remittit acutum,
nec semper feriet, quodcumque minabitur arcus.
Verum ubi plura nitent in carmine, non ego paucis
offendar maculis, quas aut incuria fudit,
aut humana parum cavit natura. Quid ergo est?
Vt scriptor si peccat idem librarius usque,
quamvis est monitus, venia caret, et citharoedus
ridetur chorda qui semper oberrat eadem,
sic mihi, qui multum cessat, fit Choerilus ille,
quem bis terve bonum cum risu miror; et idem
indignor quandoque bonus dormitat Homerus.
Verum operi longo fas est obrepere somnum.

[Traducción de Tomás de Iriarte (modernizada por mi): Pero son disculpables ciertas faltas; / pues no siempre despide / la cuerda el son que el Tocador la pide, / que en vez de voces bajas, da las altas; / ni siempre el Tirador al blanco acierta. / Cuando yo en un poëma acaso advierta / gran número de gracias singulares, / perdonaré lunares, / si fueren pocos; porque habrán nacido / o de leve descuido, / o de humana flaqueza… Mas, a espacio; / que no hay siempre perdón. Cuando reacio / escribe el mal Copiante (aunque le enmiendan) / una misma mentira, / no, no merece que su excusa atiendan. / Si el que tañe la lira, / en una cuerda siempre se equivoca, / ¿quién no se ha de reír de lo que toca? / Al que yerra a menudo, yo comparo / con Quérilo el Poeta, / de quien me admiro y río, si reparo / que, por acierto raro, / una cosa discreta, / o a lo más dos o tres, hay en su escrito; / y al contrario, me irrito / si el buen Homero se descuida, o duerme. / Pero también es fuerza convencerme / de que en libro tan lato / no es mucho que al Autor dé sueño un rato.]