‘Ceux-qui-ne-comprennent-pas’: Darío según la RAE

Reseña de Del símbolo a la realidad, antología de Rubén Darío (Barcelona: Alfaguara/Real Academia Española, 2016) que salió en la diaria el 26 de diciembre de 2016.


Al nombre Rubén Darío responden sujetos tan diversos que a veces se contraponen y aun se niegan: el niño poeta, el espantacuras, el corresponsal de La Nación, el embajador, el borracho perdido que olvida sus versos, el amor de Francisca Sánchez, el fundador de escuela, ignorado por su maestro Verlaine, mimado en España, idolatrado en media América hispánica, el torremarfilista, el raro, el lírico decadente, el enfermo de parisitis, el poeta social, el fatuo, el cronista, el renovador de la lengua, el mestizo con manos de marqués.

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Nocturno III

Dice Aldo Mazzucchelli de las nocteritmias de Julio Herrera y Reissig palabras que bien se podrían decir de otros nocturnos: “Los ritmos de la noche. La zona oscura, bituminosa de la poesía de Herrera y Reissig” donde predomina “una imaginería exploradora de territorios limítrofes entre la angustia metafísica y la conflagración erótica.” Herrera llega al paroxismo de lo pesadillesco y lo blasfemo en Officium tenebrarum de su Desolación Absurda:  “En el coro de la Noche / cárdena del otro mundo, / retumban su De Profundo / los monjes de media noche… / Desde el púlpito un fantoche / cruje un responso malsano, / y se adelanta un Hermano, / y en cavernosas secuencias / le rinde tres reverencias / con la cabeza en la mano.”, que de algún modo está prefigurado en La nochede Los éxtasis de la montaña. Hondo subjetivismo, introspección y soledad, son también adjetivos que de algún modo definen la poesía nocturnal. [Parte cuatro aquí]

Nocturno,  de El canto errante de Rubén Darío.

Silencio de la noche, doloroso silencio
nocturno… ¿Por qué el alma tiembla de tal manera?
Oigo el zumbido de mi sangre,
dentro de mi cráneo pasa una suave tormenta.
¡Insomnio! No poder dormir, y, sin embargo,
soñar. Ser la auto-pieza
de disección espiritual, ¡el auto-Hamlet!
Diluir mi tristeza
en un vino de noche
en el maravilloso cristal de las tinieblas…
Y me digo: ¿a qué hora vendrá el alba?
Se ha cerrado una puerta…
Ha pasado un transeúnte…
Ha dado el reloj trece horas… ¡Si será Ella!…

Noche de Alejandra Pizarnik.

Quoi, toujours? Entre moi sans cesse et
Le bonheur!
G. de Nerval

Tal vez esta noche no es noche,
debe ser un sol horrendo, o
lo otro, o cualquier cosa.
¡Qué sé yo! Faltan palabras,
falta candor, falta poesía
cuando la sangre llora y llora!

¡Pudiera ser tan feliz esta noche!
Si sólo me fuera dado palpar
las sombras, oír pasos,
decir “buenas noches” a cualquiera
que pasease a su perro,
miraría la luna, dijera su
extraña lactescencia tropezaría
con piedras al azar, como se hace.

Pero hay algo que rompe la piel,
una ciega furia
que corre por mis venas.
¡Quiero salir! Cancerbero del alma.
¡Deja, déjame traspasar tu sonrisa!
¡Pudiera ser tan feliz esta noche!

Aún quedan ensueños rezagados.
¡Y tantos libros! ¡Y tantas luces
¡Y mis pocos años! ¿Por qué no?
La muerte está lejana. No me mira.
¡Tanta vida, Señor!
¿Para qué tanta vida?

Si muriera esta noche, uno de los Nocturnos de Idea Vilariño.

Si muriera esta noche
si pudiera morir
si me muriera
si este coito feroz
interminable
peleado y sin clemencia
abrazo sin piedad
beso sin tregua
alcanzara su colmo y se aflojara
si ahora mismo
si ahora
entornando los ojos me muriera
sintiera que ya está
que ya el afán cesó
y la luz ya no fuera un haz de espadas
y el aire ya no fuera un haz de espadas
y el dolor de los otros y el amor y vivir
y todo ya no fuera un haz de espadas
y acabara conmigo
para mí
para siempre
y que ya no doliera
y que ya no doliera.

Déjà vu

En un arrojo cabalístico, en un entusiasmo por el sistema decimal, aprovecho esta, mi centésima entrada, para cerrar un ciclo abierto que aquella primera de igual nombre y tema: las transmigraciones del espíritu. Esta vez abre la entrada un fragmento de la versión del Mabinogion traducido del galés por Lady Charlotte Guest. Cierra Leopoldo Lugones, con su poema Metempsicosis, perteneciente al primer ciclo de Las montañas de Oro, del que Darío dijo que “pudiera ser firmado por Dante y dibujado por Schneider”.

Fragmento del Hanes Taliesin

Forthwith the king commanded the squire to fetch him; and he went to the nook where Taliesin sat, and brought him before the king, who asked him what he was, and whence he came. And he answered the king in verse.

Primary chief bard am I to Elphin,
and my original country is the region of the summer stars;
Idno and Heinin called me Merddin,
at length every king will call me Taliesin.

I was with my Lord in the highest sphere,
on the fall of Lucifer into the depth of hell
I have borne a banner before Alexander;
I know the names of the stars from north to south;
I have been on the galaxy at the throne of the Distributor;
I was in Canaan when Absalom was slain;
I conveyed the Divine Spirit to the level of the vale of Hebron;
I was in the court of Don before the birth of Gwdion.
I was instructor to Eli and Enoc;
I have been winged by the genius of the splendid crosier;
I have been loquacious prior to being gifted with speech;
I was at the place of the crucifixion of the merciful Son of God;
I have been three periods in the prison of Arianrod;
I have been the chief director of the work of the tower of Nimrod;
I am a wonder whose origin is not known.

I have been in Asia with Noah in the ark,
I have seen the destruction of Sodom and Gomorra;
I have been in India when Roma was built,
I am now come here to the remnant of Troia.

I have been with my Lord in the manger of the ass:
I strengthened Moses through the water of Jordan;
I have been in the firmament with Mary Magdalene; 
I have obtained the muse from the cauldron of Caridwen;
I have been bard of the harp to Lleon of Lochlin.
I have been on the White Hill, in the court of Cynvelyn,
for a day and a year in stocks and fetters,
I have suffered hunger for the Son of the Virgin,
I have been fostered in the land of the Deity,
I have been teacher to all intelligences,
I am able to instruct the whole universe.
I shall be until the day of doom on the face of the earth;
and it is not known whether my body is flesh or fish.

Then I was for nine months
in the womb of the hag Caridwen;
I was originally little Gwion,
and at length I am Taliesin.

[Traducción del poema por Saúl Steiner:
Soy jefe de los bardos por Elphin,
y mi patria es la región de las estrellas del estío;
Idno y Heinin me llamaron Merddin,
de ahora en más cualquier rey me llamará Taliesin.

Yo estaba con mi Señor en la más alta esfera
cuando Lucifer calló en el abismo infernal,
yo llevé el estandarte de Alejandro;
yo sé los nombres de las estrellas de norte a sur;
yo estuve en la galaxia en el trono del Distribuidor;
yo estuve en Canaán cuando asesinaron a Absalón;
yo llevé el Espíritu Santo al valle de Hebron;
yo estuve en la corte de Don antes del nacimiento de Gwdion;
yo fui el instructor de Elí y de Enoc;
yo he sido alado por el genio del espléndido báculo;
yo fui locuaz antes de haber sido bendecido con el habla;
yo estuve en el lugar de la crucifixión del piadoso Hijo de Dios;
yo he estado tres temporadas en la prisión de Arianrod;
yo he sido el director de obras en la construcción de la torre de Nimrod;
yo soy el prodigio de origen desconocido.

Yo he estado en Asia con Noé en el arca,
yo he visto la destrucción de Sodoma y Gomorra;
yo he estado en India cuando Roma fue levantada;
yo vengo ahora a los restos de Troya.

Yo he estado con mi Señor en el pesebre del asno;
yo di fuerza a Moisés por el agua del Jordán;
yo estuve en el firmamento con María Magdalena;
yo he obtenido la musa del caldero de Caridwen;
yo he sido bardo del arpa para Lleon de Lochlin.
Yo he estado en la Colina Blanca, en la corte de Cynvelyn,
por un día y un año en cepo y con grilletes,
yo he sufrido hambre por el Hijo de la Virgen,
yo he sido cobijado en la tierra de la Deidad,
yo he sido maestro para todas las inteligencias,
yo soy capaz de instruir el universo entero.
Yo seré hasta el día final de la tierra;
y no se sabe si mi cuerpo es carne o pez.

Así que estuve nueve meses
en el vientre de la bruja Caridwen;
fui en principio el pequeño Gwion,
y ahora soy Taliesin.]

Metempsicosis, de Leopoldo Lugones. 

Era un país de selva y amargura,—un país con altísimos abetos,—con abetos altísimos, en donde —ponía quejas el temblor del viento. —Tal vez era la tierra cimeriana —donde estaba la boca del Infierno, —la isla que en el grado ochenta y siete —de latitud austral, marca el lindero —de la líquida mar; sobre las aguas —se levantaba un promontorio negro, —como el cuello de un lúgubre caballo, —de un potro colosal, que hubiera muerto —en su última postura de combate, —con la hinchada nariz humeando al viento. —El orto formidable de una noche —con intenso borrón manchaba el cielo, —y sobre el fondo de carbón flotaba —la alta silueta del peñasco negro. —Una luna ruinosa se perdía —con su amarilla cara de esqueleto —en distancias de ensueño y de problema; —y había un mar, pero era un mar eterno, —dormido en un silencio sofocante —como un fantástico animal enfermo. —Sobre el filo más alto de la roca, —ladrando al hosco mar, estaba un perro:
Sus colmillos brillaban en la noche —pero sus ojos no, porque era ciego. —Su boca abierta relumbraba, roja — como el vientre caldeado de un brasero; —como la gran bandera de venganza —que corona las iras de mis sueños; —como el hierro de una hacha de verdugo —abrevada en la sangre de los cuellos. —Y en aquella honda boca aullaba el hambre, —como el sonido fúnebre en el hueco —de las tristes campanas de Noviembre. —Vi que mi alma con sus brazos yertos —y en su frente una luz hipnotizada —subía hacia la boca de aquel perro, —y que en sus manos y sus pies sangraban, —como rosas de luz, cuatro agujeros; —y que en la hambrienta boca se perdía, —y que el monstruo sintió en sus ojos secos —encenderse dos llamas, como lívidos —incendios de alcohol sobre los miedos.
Entonces comprendí (¡Santa Miseria!) —el misterioso amor de los pequeños; —y odié la dicha de las nobles sedas, —y las prosapias con raíz de hierro; —y hallé en tu lodo gérmenes de lirios, —y puse la amargura de mis besos —sobre bocas purpúreas, que eran llagas; —y en las prostituciones de tu lecho —vi esparcidas semillas de azucena, —y aprendí a aborrecer como los siervos; —y mis ojos miraron en la sombra —una cruz nueva, con sus clavos nuevos, —que era una cruz sin víctima, elevada —sobre el oriente enorme de un incendio, —aquella cruz sin víctima ofrecida —como un lecho nupcial. ¡Y yo era un perro!