La cena: Sobre dos fragmentos de “La liebre de marzo”, de Marosa di Giorgio

El 4 de octubre de 2019, el Suplemento de Cultura de la diaria estuvo casi íntegramente dedicado a Marosa di Giorgio y, entre otros artículos, se publicó el capítulo de Los restos del naufragio dedicado a la poeta, que reproduzco a continuación.


¿Quién anda ahí? Es la pregunta que Hamlet hace a la oscuridad. El miedo es de fantasmas que arrastran la culpa y un destino de sangre y barro. ¿Quién habla? ¿De quién es esa voz que suena tan clara y seductora como la de un vampiro? De quién su fría mano acariciando el marco de una puerta entreabierta, jugando a no entrar, pero sin sacar la vista del haz de luz que significa. El rito cancela el tiempo en el poema, abre a la infancia suspendida en el presente, desde el brillo del recuerdo apretado como en una plegaria, como un jardín que crece en medio de la mesa, delicado y artificial. Y qué es este animal que vive y no vive, que desea inmóvil, que muerto conserva el calor del aliento, sino la escritura, sino la voz, sino esa niña eterna, esa grotesca mueca que no envejece. Y quién es el cazador, que sigue las huellas y abre el sentido del camino único que siempre conduce al hogar. Y quién es la presa, la palabra divina que se evapora sobre el recuerdo, que se funde en el fuego del pensamiento. Pero ese bicho no ve, es pieza espectral del museo de la carne. Cambia de nombres como de pieles, se va desplazando sobre la hoja como una pátina densa de tinta, provoca la mancha que dice cosas. Pero hay “cosas” que es mejor no oír, que es mejor no ver, sino dejar hundirse en el húmedo terreno de la indeterminación, perderse en las amplias habitaciones del castillo en donde habita la ignorancia como un monstruo vengador, calaveras y voces que interrumpen la cena y los años. Los platos, por eso, son sólo una señal de la vanidad, un anticipo de la comida reluciente y fresca que el infierno ofrece cuando condena. Lo pasado y hoy, la niñez y la juventud, el yo que se encoleriza y se cancela y sobrevive, todo parece una pregunta gritada en el vacío que dice No tres veces, como Pedro. Al final, cuando ya el crimen se ha cometido, la mentira lo cubre todo y luce tan brillante y despiadada como lo cierto.

Los restos del naufragio

Hay un vacío, en la playa, que se fue llenando de los desperdicios del barco que vemos hundirse a lo lejos, manchas negras, humos, su inmensidad como un dinosaurio volcado. Y las botellas, los candelabros, las enciclopedias que se amontonan en la arena, con palos, caracoles, viejas sombrillas olvidadas. Un lenguaje que va muriendo pero respira ahora en restos, en fragmentos dispersos de letra, en balbuceos de los ahogados y todavía dice cosas.

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Fotografía de Andrés Seoane

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El canon marosiano: sobre “Otras vidas”, de Marosa di Giorgio

Reseña de Otras vidas de Marosa di Giorgio (Buenos Aires: Adriana Hidalgo, 2017) , que salió en la diaria el 11 de agosto de 2017.


La importancia para Uruguay de la revista Posdata, fundada en 1994 por Manuel Flores Silva, es innegable, pero su verdadero alcance todavía está por verse. Lo cierto es que su sección cultural (y luego la separata Insomnia) no sólo reunió a muchas de las principales figuras del panorama literario vernáculo y formó a gran parte de los periodistas culturales de aquella generación, sino que además dio espacio a algunos de los mayores escritores de ese momento, que eran casi siempre ignorados por los medios más tradicionales y por el público. Me refiero, entre otros, a Mario Levrero y a Marosa di Giorgio, que escribieron en sus páginas con cierta regularidad hasta su cierre, en 2000. Si el primero había tenido suerte con sus Irrupciones, que se publicaron en libro parcialmente en 2001 y en su totalidad seis años después; las muchas columnas de la poeta, en cambio, no habían sido reunidas hasta ahora.

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