La ciudad de Maldoror: a 150 años de la muerte de Isidore Ducasse

Breve ensayo sobre Lautréamont y el espacio en Los cantos de Maldoror que salió en el especial del suplemento Cultura de la diaria del 6 de noviembre de 2020, dedicado a la obra de Isidore Ducasse.


No fueron pocos los que, encerrados en sus casas durante el tiempo de confinamiento, se dieron a recorridos más o menos azarosos por Google Maps. El mundo desde la street view es siempre peculiar: uno ve las calles conocidas o no, cercanas o distantes, los carteles, el movimiento de personas y de tráfico, pero todo envuelto por un halo extraño. Las caras, como se sabe, están borradas, y a veces los espacios se superponen. En la misma avenida, dependiendo del punto desde donde se esté “parado”, las sombras se proyectan distintas. Desde un ángulo se ve una paloma que desaparece desde otro, un bar tiene gente y de pronto está vacío, una tienda aparece abierta y luego cerrada. En una misma ciudad, en un “mismo” instante, hay gente de remera y shorts y, unas cuadras más allá, otros caminan apretados, de gabardina y bufanda.

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«Mi semejante, mi hermano»: volver a Lautréamont

Desde ese espacio, Los cantos de Maldoror, junto con la «línea secreta» de los «raros» uruguayos, pueden todavía visitarse de otro modo. En primer lugar, porque la mitologización de la «vida excepcional» de Ducasse supone (por desconocimiento u omisión de muchos detalles importantes) una lectura que, ante todo, resulta hoy poco interesante. Cifrar en una conjetural locura el impulso creativo que late bajo una obra parece demasiado simplista, pero además desconoce el carácter renovador de un libro que se escribe, ante todo, en un concierto de voces: con y contra los modelos del pasado, en fricción con las lenguas, los estilos contemporáneos, la retórica y la poética clásicas y textos de orígenes variados que por momento son extensamente citados.

Fragmento de “«Mi semejante, mi hermano»: volver a Lautréamont”, que se publicó en el portal de la librería Escaramuza. Se puede acceder al texto completo haciendo clic en la cita.

Reacción

Les perturbations , les anxiétés, les dépravations, la mort, les exceptions dans l’ordre physique ou moral, l’esprit de négation, les abrutissements, les hallucinations servies par la volonté, les tourments, la destruction, les renversements, les larmes, les insatiabilités, les asservissements, les imaginations creusantes, les romans, ce qui est inattendu, ce qu’il ne faut pas faire, les singularités chimiques de vautour mystérieux qui guette la charogne de quelque illusion morte, les expériences précoces et avortées, les obscurités à carapace de punaise, la monomanie terrible de l’orgueil, l’inoculation des stupeurs profondes, les oraisons funèbres, les envies, les trahisons, les tyrannies, les impiétés, les irritations, les acrimonies, les incartades agressives, la démence, le spleen, les épouvantements raisonnés, les inquiétudes étranges, que le lecteur préférerait ne pas éprouver, les grimaces, les névroses, les filières sanglantes par lesquelles on fait passer la logique aux abois, les exagérations, l’absence de sincérité, les scies, les platitudes, le sombre, le lugubre, les enfantements pires que les meurtres, les passions, le clan des romanciers de cours d’assises, les tragédies, les odes, les mélodrames, les extrêmes présentés à perpétuité, la raison impunément sifflée, les odeurs de poule mouillée, les affadissements, les grenouilles, les poulpes, les requins, le simoun des déserts, ce qui est somnambule, louche, nocturne, somnifère, noctambule, visqueux, phoque parlant, équivoque, poitrinaire, spasmodique, aphrodisiaque, anémique, borgne, hermaphrodite, bâtard, albinos, pédéraste, phénomène d’aquarium et femme à barbe, les heures soûles du découragement taciturne, les fantaisies, les âcretés, les monstres, les syllogismes démoralisateurs, les ordures, ce qui ne réfléchit pas comme l’enfant, la désolation, ce mancenillier intellectuel, les chancres parfumés, les cuisses aux camélias, la culpabilité d’un écrivain qui roule sur la pente du néant et se méprise lui-même avec des cris joyeux, les remords, les hypocrisies, les perspectives vagues qui vous broient dans leurs engrenages imperceptibles, les crachats sérieux sur les axiômes sacrés, la vermine et ses chatouillements insinuants, les préfaces insensées , comme celles de Cromwell, de Mlle de Maupin et de Dumas fils, les caducités, les impuissances, les blasphêmes, les asphyxies, les étouffements, les rages, –devant ces charniers immondes, que je rougis de nommer, il est temps de réagir enfin contre ce qui nous choque et nous courbe si souverainement.

Fragmento del libro I de Poésies, de Isidore Ducasse, otrora conde de Lautréamont.

[Traducción de Luis Justo: Las perturbaciones, las ansiedades, las depravaciones, la muerte, las excepciones de orden físico moral, el espíritu de negación, los embrutecimiento, las alucinaciones servidas por la voluntad, los tormentos, la destrucción, los vuelcos, las lágrimas, las insaciabilidades, las esclavitudes, las imaginaciones que profundizan, las novelas, lo inesperado, lo que no se debe hacer, las singularidades químicas de buitre misterioso que acecha la carroña de alguna ilusión muerta, las experiencias precoces y abortadas, las oscuridades de caparazón de chinche, la monomanía terrible del orgullo, la inoculación de estupores profundos, las oraciones fúnebres, las envidias, las traiciones, las tiranías, las impiedades, las irritaciones, las acrimonias, los despropósitos agresivos, la demencia, el esplín, los espantos razonados, las inquietudes extrañas que el lector preferiría no sentir, las muecas, las neurosis, las matrices sangrientas por las que se hace pasar a la lógica de rodillas, las exageraciones, la ausencia de sinceridad, lo la toso, lo chato, lo sombrío, lo lúgubre, los partos peores que asesinatos, las pasiones, el clan de novelistas de sala en lo criminal, las tragedias, las odas, los melodramas, los extremos presentados a perpetuidad, la razón silbada impunemente, los olores de gallina mojada, las insipideces, las ranas, los pulpos, los tiburones, el simún de los desiertos, lo sonámbulo, turbio, nocturno, somnífero, noctámbulo, viscoso, foca parlante, equívoco, tuberculoso, espasmódico, afrodisíaco, anémico, tuerto, hermafrodita, bastardo, albino, pederasta, fenómeno de acuario y mujer barbuda, las horas ebrias del desaliento taciturno, las fantasías, las actitudes, los monstruos, los silogismos desmoralizadores, las basuras, lo que no reflexiona cono el niño, la desolación, ese manzanillo intelectual, los chancros perfumados, los muslos de camelias, la culpabilidad de un escritor que rueda por la pendiente de la nada y se desprecia a sí mismo con alegres gritos, los remordimientos, las hipocresías, las perspectivas vagas que os trituran con sus imperceptibles engranajes, los escupitajos serios sobre los axiomas sagrados, la gusanera y sus insinuantes cosquilleos, los prefacios insensatos, como los de Cromwell, de la señorita de Maupin y de Dumas hijo, las caducidades, las impotencias, las blasfemias, las asfixias, las sofocaciones, las rabias: frente a esos osarios inmundos, que me ruboriza nombrar, es por fin tiempo de reaccionar contra lo que nos choca y nos somete tan soberanamente.]