Grave y gracioso artificio de muerte sonreída

Ha dicho Silvio Mattoni en “Bellamuerte”, segunda sección de su libro Kóre. Ensayos sobre la literatura y el duelo (Rosario: Beatriz Viterbo, 2000):
“En principio, para Macedonio el mundo no existe más que como pensamiento, lo que vemos sería una realidad de la mente que desaparece con ésta. ¿Pero qué pasa cuando dormimos o nos adormecemos o nuestros sentidos están embotados? ¿Cómo podemos saber que el mundo no es un sueño del que la muerte o el dormir nos despiertan? ¿No es la vigilia un sueño con los ojos abiertos? Las teorías de Macedonio son bastante variables y suficientemente intrincadas en su exposición, a veces novelesca, como para que estas preguntas queden siempre abiertas. Como en un idealismo barroco, lo que es casi un oxímoron, la vida, el sueño, el yo y el mundo, muerte y dormir, insomnio y dolor, son conceptos opuestos o complementarios pero permutables; y en los arabescos sintácticos de frases cuya puntuación podríamos llamar onírica porque se basa en la sonoridad, componen un dispositivo pendular que la lógica denomina un indecidible, una imposibilidad de decidir cuál es el sentido, allí donde la superficie del lenguaje se bifurca hacia una catástrofe en la que todos los sentidos serían posibles pero a la que nunca se llegará sino con el silencio o la espera de las palabras ausentes. Incluso un mismo cuerpo puede albergar, para Macedonio, no sólo dos conceptos opuestos sino dos psiques singulares o más, como él llama a lo único de cada sujeto; proliferación de psiques que le permitiría a un autor crear los personajes de una novela, por ejemplo. De modo que el cuerpo del poeta, pues hablaré de sus poemas, a partir del instante de la  muerte de Elena, será un yo y un ella a la vez. Por lo tanto, dice Macedonio, “ausencia o Sueño pero no muerte había”. Negación de la muerte que sin embargo a cada momento puede disolverse y llevarse también al que la niega.”
Se refiere, por supuesto, a Elena Bellamuerte, poema de Macedonio Fernández que transcribo.

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