Los restos del naufragio

Hay un vacío, en la playa, que se fue llenando de los desperdicios del barco que vemos hundirse a lo lejos, manchas negras, humos, su inmensidad como un dinosaurio volcado. Y las botellas, los candelabros, las enciclopedias que se amontonan en la arena, con palos, caracoles, viejas sombrillas olvidadas. Un lenguaje que va muriendo pero respira ahora en restos, en fragmentos dispersos de letra, en balbuceos de los ahogados y todavía dice cosas.

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Fotografía de Andrés Seoane

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Nocturno III

Dice Aldo Mazzucchelli de las nocteritmias de Julio Herrera y Reissig palabras que bien se podrían decir de otros nocturnos: “Los ritmos de la noche. La zona oscura, bituminosa de la poesía de Herrera y Reissig” donde predomina “una imaginería exploradora de territorios limítrofes entre la angustia metafísica y la conflagración erótica.” Herrera llega al paroxismo de lo pesadillesco y lo blasfemo en Officium tenebrarum de su Desolación Absurda:  “En el coro de la Noche / cárdena del otro mundo, / retumban su De Profundo / los monjes de media noche… / Desde el púlpito un fantoche / cruje un responso malsano, / y se adelanta un Hermano, / y en cavernosas secuencias / le rinde tres reverencias / con la cabeza en la mano.”, que de algún modo está prefigurado en La nochede Los éxtasis de la montaña. Hondo subjetivismo, introspección y soledad, son también adjetivos que de algún modo definen la poesía nocturnal. [Parte cuatro aquí]

Nocturno,  de El canto errante de Rubén Darío.

Silencio de la noche, doloroso silencio
nocturno… ¿Por qué el alma tiembla de tal manera?
Oigo el zumbido de mi sangre,
dentro de mi cráneo pasa una suave tormenta.
¡Insomnio! No poder dormir, y, sin embargo,
soñar. Ser la auto-pieza
de disección espiritual, ¡el auto-Hamlet!
Diluir mi tristeza
en un vino de noche
en el maravilloso cristal de las tinieblas…
Y me digo: ¿a qué hora vendrá el alba?
Se ha cerrado una puerta…
Ha pasado un transeúnte…
Ha dado el reloj trece horas… ¡Si será Ella!…

Noche de Alejandra Pizarnik.

Quoi, toujours? Entre moi sans cesse et
Le bonheur!
G. de Nerval

Tal vez esta noche no es noche,
debe ser un sol horrendo, o
lo otro, o cualquier cosa.
¡Qué sé yo! Faltan palabras,
falta candor, falta poesía
cuando la sangre llora y llora!

¡Pudiera ser tan feliz esta noche!
Si sólo me fuera dado palpar
las sombras, oír pasos,
decir “buenas noches” a cualquiera
que pasease a su perro,
miraría la luna, dijera su
extraña lactescencia tropezaría
con piedras al azar, como se hace.

Pero hay algo que rompe la piel,
una ciega furia
que corre por mis venas.
¡Quiero salir! Cancerbero del alma.
¡Deja, déjame traspasar tu sonrisa!
¡Pudiera ser tan feliz esta noche!

Aún quedan ensueños rezagados.
¡Y tantos libros! ¡Y tantas luces
¡Y mis pocos años! ¿Por qué no?
La muerte está lejana. No me mira.
¡Tanta vida, Señor!
¿Para qué tanta vida?

Si muriera esta noche, uno de los Nocturnos de Idea Vilariño.

Si muriera esta noche
si pudiera morir
si me muriera
si este coito feroz
interminable
peleado y sin clemencia
abrazo sin piedad
beso sin tregua
alcanzara su colmo y se aflojara
si ahora mismo
si ahora
entornando los ojos me muriera
sintiera que ya está
que ya el afán cesó
y la luz ya no fuera un haz de espadas
y el aire ya no fuera un haz de espadas
y el dolor de los otros y el amor y vivir
y todo ya no fuera un haz de espadas
y acabara conmigo
para mí
para siempre
y que ya no doliera
y que ya no doliera.

Canción de cuna

Berceuse blanca, de Julio Herrera y Reissig. Poema que forma parte de Los pianos crepusculares y que, incompleto por la muerte del poeta, armaron César Miranda, Julieta de la Fuente y Orsini Bertani, según cuenta Aldo Mazzuccheli. A la pregunta de Alfredo Zitarrosa en entrevista a Juan Carlos Onetti “¿Le habría gustado que Gardel cantara alguna cosa que no cantó?”, el escritor contestó “Sí. La Berceuse bleu [sic] de Julio Herrera.”
Nota: no se si el error que he marcado es de Onetti, de Zitarrosa o de los editores. No encontré que el poema apareciera con título en francés ni una berceuse azul.

A ti, Julieta, a ti…

I
Adorad a la Virgen en su amable santuario,
junto al lecho en que velan devociones azules:
una forma imprecisa bate el sordo incensario,
t es un humo de encajes, la cortina y los tules.

Cómo va y viene el rítmico pleamar de su seno!
Es la luna que ondea en un lago que expira.
Loreley tañe el alma y la Muerte conspira
en el círculo de ópalo de ese abismo sereno.

II
Silencio, oh Luz, silencio! Pliega tu faz, mi Lirio!
No has menester de Venus, filtros para vencerme.
Mi pensamiento vela como un dragón asirio.
Duerme, no temas nada. Duerme, mi vida, duerme!…

Duerme, que cuando duermas sin fin, bajo la fosa,
mi alma irá en los beatos crepúsculos a verte,
y con sus dedos frágiles de marfil y de rosa
desflorará tus ojos sonámbulos de muerte!

III
Su mano blasonada de esmalte y de jacinto,
su ilusa mano de agua sedante que apacigua
como un Leteo, mano muerta que sueña un plinto,
mano de santa y mano de una deidad ambigua….

Sus manos en un gesto gótico de cansancio,
duermen no sé qué sueño de candores ilesos,
y como en las suntuosas vitrinas de Bizancio,
desgranan distraídas un rosario de besos…

IV
Silencio, oh Luz, silencio! Duerme, mi vida, duerme!
No has menester que Venus sus legiones embosque.
Duerme, no temas nada. Heme a tus pies inerme,
pálido como un pobre niño a mitad de un bosque!

V
Alguien riza las alas. Alguien vuelca los ojos.
Su mirada es de luna y de sol es su veste.
Miradla: es la divina Poesía celeste,
con los brazos en cruz y plegada de hinojos.

Duerme, que mientras duermes, mi alma en incandescente
escala de Jacob, hacia los astros sube…
Y que tu rizo negro sea la sola nube
que turbe el ilusorio menguante de tu frente.

VI
Entre irreales tules, gaseosamente anida
el lecho, un espejismo de Primavera inerte,
y es como una magnolia narcótica de vida,
que se abre bajo un blanco crepúsculo de muerte.

—En el tapiz de Oriente, a la sombra de un dátil,
una pastora sueña con el alma inclinada,
sin mirar que a su vera, desde amable emboscada,
le insinúa una flecha el Arquero versátil.

Y suspira su canto: “Ven y rige la sonda
en el mar de mis penas; pon tu beso en mi herida,
húndeme tus desdenes, y mi muerte tan honda,
te dirá, sin decírtelo, hasta dónde eres vida!…”—

Reposa, oh luz, reposa! Pliega tu faz, mi Lirio!
No has menester de Venus filtros para vencerme.
Mi amor vela a tu lado, como un dragón asirio.
Duerme, no temas nada! Duerme, mi vida, duerme…

VII
Cómo sueña la Virgen: Soñará en cosas vanas,
en su hermana la rosa desmayada en un vaso,
en el mago Aladino o en las otras hermanas
que hartarán de bombones su zapato de raso?

En su seno hay rielares de luz blanca y de seda
y palpita dormido sobre olímpica cuna,
en un ritmo celeste, como el huevo de Leda
fecundado por una apoteosis de luna.

La expresión distraída de su claro aderezo
y su risa entreabierta, son tan ebrias de encanto,
que esa noche —sin duda— se olvidó de algún rezo
o pensando en su amante, se durmió con un canto!

Oh levedad de líneas! Oh esbeltez de contorno!…
Algo ruega, algo late en la obscura armonía…
es tan bella, que el Ángel azul que vela en torno
se interroga temblando, si es su amante o su guía…

Duerme, que cuando duermas sin fin, bajo la fosa,
mi alma irá en los beatos crepúsculos a verte,
y con sus dedos frágiles de marfil y de rosa,
desflorará tus ojos sonámbulos de muerte!…

VIII
Su tenue mano de agua sedante que amortigua,
ópalo del olvido para morir soñando,
su mano cincopétala de una fragancia antigua,
Duerme sobre su pecho, como en un plinto blando.

Oh mi exangüe Nirvana! Oh mi eterna Latzuna!
En sus sienes afilan transparencias de copo,
y arden en su halo espectral de heliotropo,
sus clementes ojeras otoñales de luna.

Cómo su cabellera de azul negro trasciende
sobre el busto que es todo joven luz y armonía!
Es tan vivo el contraste de ilusión, que sorprende
como si anocheciera en la mitad del día.

Sus joyas —un zodíaco de luz cristalizada—
titilan en su gala de ingenuo paraíso:
como a los astros para rielar les es preciso
que el día de sus ojos se duerma en la almohada.

Quién al verla en su hipnosis, bajo el ciego misterio,
recelara el prodigio de su rayo iracundo:
Oh Judith de la gracia, en su mano de imperio
sustentará inaudita la cabeza del mundo!

Alguien riza las alas. Alguien postra los ojos.
abre el velo de Maya y unge el beso de Alceste.
Recogida en su cuello y plegada de hinojos,
se parece a la ingenua Poesía celeste.

Silencio, oh Luz, Silencio! Duerme, mi vida, duerme!
No has menester que Venus sus legiones embosque.
Duerme, no temas nada. Heme a tus pies, inerme,
temblando como un pobre niño a mitad de un bosque!…

IX
(Afuera es un motivo de Brahms sobre un exótico
panteísmo, que enuncia descriptivos efectos;
en todo un ritornelo de columpio narcótico
para oboes de ranas y marimbas de insectos…)

En el tapiz de Oriente, a la sombra de un dátil,
una pastora sueña con el alma inclinada,
sin mirar que, a su vera, el Arquero versátil
le insinúa una flecha, desde amable emboscada.—

Qué vaguedad de euritmia! Qué esbeltez de contorno!
Auscultad el silencio de la abstrusa armonía.
es tan bella que el Ángel azul que vela en torno,
se arrodilla temblando… y es su amante y su guía.

Ave que en el harmonium de su carne, salmodia;
hostia de gracia inmune! Todo se exhala en Ella,
desde sus eucarísticos éxtasis de Custodia,
hasta sus inefables desnudeces de Estrella!

Yerra en su labio, al ritmo de una celeste brisa,
la violeta cautiva, péndulo perfumado…
Cuántas veces mi alma prendió, muda a su lado,
de la dilatación perla de una sonrisa!

Aspirad su incorpórea levedad de Olaluma!
en sus sienes rutilan transparencias de copo;
y vuelan sus ojeras otoñales de bruma,
como vagas libélulas de una tarde heliotropo.

Qué nonchalance de Reina! Qué ebriedad de eufonía!
en su gracia inclinada convalece una estrella;
en sus líneas herméticas canta la Geometría;
y en su actitud beata reza un Enigma de ella!

Ramos de Serafines etéreos de alabastros,
deshojan primaveras líricas en su pecho;
las noches inauditas se abren sobre su lecho,
y tras de la cortina velan todos los astros!

Pliega tu faz, Mi Lirio! Duerme, mi vida, duerme!
No has menester que Venus sus legiones embosque.
Duerme, no temas nada. Heme a tus pies inerme,
temblando como un pobre niño a mitad de un bosque…

Qué efluvio de Epopeyas! Qué anunciación de rosas!
Qué frémito de mundos! Qué beatitud de ritos!
Qué alumbramiento en éxtasis de azules infinitos!
Qué aleluya inspirado late en todas las cosas!

Sauce abstraído y arpa muda, vaso de Ciencia,
mística sensitiva que sus gracias restringe,
noche estrellada y urna blanca de quintaesencia,
eres toda la lira y eres toda la Esfinge!

Oh Plegaria del verbo, Iris de dulcedumbre,
interjección de un sabio vértigo sibilino,
cáliz evaporado en fragancia y en lumbre,
eres todo el pentagrama y eres todo el Destino!

La pompa de tu frente reclama una diadema,
por santa y por augusta, de Emperatriz de Hungría,
y tu escote, Laponia de blancura suprema,
el collar de una aurora Boreal de pedrería.

Síntesis de Gliceras, Diotimas y Atalantas,
eres toda la Esfinge y eres la Lira toda:
Por ti se alzan las treinta cúpulas de mi Oda,
todos mis imperios se duermen a tus plantas!

Oh cristalización de luna! Oh fausta gema!
De todas las Estéticas, filosofía y norma,
ánfora pitagórica de idealidad suprema,
carne inspirada en éxtasis y Éxtasis de la forma!

Oh Ifigenia que en sueños, crece hacia lo Invisible!
Diana de luminoso mármol que nada turba,
Astra de Cien Poemas, ebrios de Incognoscible,
Catedral de la Vida y Orquestrión de la Curva!…

Silencio, oh Luz, silencio! Pliega tu faz, mi Lirio!
No has menester de Venus filtros para vencerme.
Mi amor vela a tu lado como un dragón asirio.
Duerme, no temas nada. Duerme, mi vida, duerme!

Duerme, que cuando duermas la eterna y la macabra,
la insensible y la única embriaguez que no alegra,
y sea tu himeneo la Esfinge sin palabra,
y el ataúd el tálamo de nuestra boda negra,

Con llantos y suspiros mi alma ante tu fosa,
dará calor y vida para tu carne yerta,
y con sus dedos frágiles de marfil y de rosa
desflorará tus ojos sonámbulos de muerta!…