Utopía

It is often said that an ideal state—a Utopia where there is no folly, crime, or sorrow—has a singular fascination for the mind. Now, when I meet with a falsehood, I care not who the great persons who proclaim it may be, I do not try to like it or believe it or mimic the fashionable prattle of the world about it. I hate all dreams of perpetual peace, all wonderful cities of the sun, where people consume their joyful, monotonous years in mystic contemplations, or find their delight, like Buddhist monks, in gazing on the ashes of dead generations of devotees. The state is one unnatural, unspeakably repugnant: the dreamless sleep of the grave is more tolerable to the active, healthy mind than such an existence.

Fragmento del capítulo XVIII de The Purple Land de William Henry Hudson.

[Traducción de Idea Vilariño: Se ha dicho a menudo que un estado ideal -una utopía donde no haya locuras ni crímenes ni sufrimientos- tiene una singular fascinación para el espíritu. Ahora bien, cuando me encuentro con una falsedad, no me preocupa quiénes son los importantes personajes que puedan proclamarla, no trato de que me guste, o de creerla, o de imitar las charlas mundanas de moda acerca de la misma. Aborrezco todos los sueños de paz perpetua, todas las maravillosas ciudades del sol donde la gente consume sus monótonos años sin alegría en místicas contemplaciones, o encuentra su deleite como monjes budistas que miran las cenizas de muertas generaciones de devotos. Ese estado es antinatural e indeciblemente repugnante: el dormir sin sueños de la tumba es más tolerable para la mente activa y saludable que una tal existencia.]