Desestabilizar la lengua: traducción literaria, prensa y edición

Nota sobre la jornada de traducción literaria, prácticas editoriales y crítica en la prensa organizada por Leticia Hornos y Rosario Lázaro Igoa que salió en la diaria el 6 de noviembre de 2019.


Aunque la traducción literaria tiene una larga tradición en Uruguay (ya en la década del 30 del siglo XIX, por ejemplo, Luciano Lira incluyó en El Parnaso Oriental versiones de algunas odas de Horacio realizadas por Francisco Acuña de Figueroa), lo cierto es que la reflexión teórica sobre la práctica traductora en general ha sido muy escasa, casi limitada a comentarios sobre la calidad en notas críticas o menciones a sus dificultades en prólogos. Y, por más que últimamente pareciera haber un nuevo impulso en ese sentido, sobre todo con la aparición de algunos libros, como pueden ser La casa de polvo sumeria (2011), de Circe Maia, y Un huésped en casa (2013), de Teresa Amy, que, escritos por poetas que traducen y con una fuerte impronta personal, indagan los alcances, los problemas y las posibilidades de la traducción. Así, a estos libros los acompañan otros como Ella sí (2014) o Ganas y letras (2017), de Amir Hamed, que tocan la cuestión de la(s) lengua(s), lo que también hacen varios ensayos personales, como los reunidos por el argentino Jorge Fondebrider en el volumen Poetas que traducen poesía (2015), en el que se encuentran los uruguayos Maia, Roberto Echavarren (cuyo libro Las noches rusas, de 2011, también puede pensarse como un monumental ensayo sobre la traducción) y Roberto Mascaró. Si este es el caso de los creadores, además, no es menos importante notar la creciente presencia de este tema entre críticos y académicos, sobre todo gracias a eventos especializados en la literatura comparada como el coloquio Montevideana, que en 2018 tuvo su décima edición.

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