Mythopoeia

“El 19 de septiembre de 1931 […] [C.S.] Lewis, [J.R.R.] Tolkien, y su amigo mutuo, Hugo Dyson, pasearon largas horas por Addison’s Walk, un camino angosto del Magdalen College que circunda un llano limitado por el río Cherwell, discutiendo la naturaleza del mito y su relación con el cristianismo. Lewis insistió en la idea de que los mitos son esencialmente falsos; Tolkien lo contradijo, sosteniendo que los mitos son esencialmente verdaderos, porque reflejan y transmiten, en una forma secundaria, le primero y primordial poder creativo de Dios. Tolkien trabajó nuevamente las conversaciones de esa noche en Mythopeia, un soliloquio en pareados heroicos [estrofa de dos pentámetros yámbicos rimados] dedicado por Philomythus (el que ama el mito = Tolkien) a Misomythus (el que odia el mito = Lewis) y dedicado «To one who said that myths were lies and therefore worthless, even though ‘breathed through silver.’» [A aquel que dice que los mitos son mentiras, y por tanto sin valor, aun dichos ‘a través de plata’.]” Así narran Carol y Philip Zaleski la llamada “Noche de Addison’s Walk” en The Fellowship: The Literary Lives of the Inklings: J.R.R. Tolkien, C. S. Lewis, Owen Barfield, Charles Williams. A continuación, el poema original.

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Dolor

Apéndice a The problem of pain, de C. S. Lewis, basado en las observaciones del doctor R. Harvard acerca de los efectos del dolor.

Pain is a common and definite event which can easily be recognised: but the observation of character or behaviour is less easy, less complete, and less exact, especially in the transient, if intimate, relation of doctor and patient. In spite of this difficulty certain impressions gradually take form in the course of medical practice which are confirmed as experience grows. A short attack of severe physical pain is overwhelming while it lasts. The sufferer is not usually loud in his complaints. He will beg for relief but does not waste his breath on elaborating his troubles. It is unusual for him to lose self control and to become wild and irrational. It is rare for the severest physical pain to become in this sense unbearable.  When short, severe, physical pain passes it leaves no obvious alteration in behaviour. Longcontinued pain has more noticeable effects. It is often accepted with little or no complaint and great strength and resignation are developed. Pride is humbled or, at times, results in a determination to conceal suffering. Women with rheumatoid arthritis show a cheerfulness which is so characteristic that it can be compared to the spes phthisica of the consumptive: and is perhaps due more to a slight intoxication of the patient by the infection than to an increased strength of character. Some victims of chronic pain deteriorate. They become querulous and exploit their privileged position’ as invalids to practise domestic tyranny. But the wonder is that the failures are so few and the heroes so many; there is a challenge in physical pain which most can recognise and answer. On the other hand, a long illness, even without pain, exhausts the mind as well as the body. The invalid gives up the struggle and drifts helplessly and plaintively into a self pitying despair. Even so, some, in a similar physical state, will preserve their serenity and selflessness to the end. To see it is a rare but moving experience.
Mental pain is less dramatic than physical pain, but it is more common and also more hard to bear. The frequent attempt to conceal mental pain increases the burden: it is easier to say “My tooth is aching” than to say “My heart is broken”. Yet if the cause is accepted and faced, the conflict will strengthen and purify the character and in time the pain will usually pass. Sometimes, however, it persists and the effect is devastating; if the cause is not faced or not recognised, it produces the dreary state of the chronic neurotic. But some by heroism overcome even chronic mental pain.
They often produce brilliant work and strengthen, harden, and sharpen their characters till they become like tempered steel. In actual insanity the picture is darker. In the whole realm of medicine there is nothing so terrible to contemplate as a man with chronic melancholia. But most of the insane are not unhappy or, indeed, conscious of their condition. In either case, if they recover, they are surprisingly little changed. Often they remember nothing of their illness.
Pain provides an opportunity for heroism; the opportunity is seized with surprising frequency.

[Traducción de Susana Bunster: El dolor es un hecho común y definido, que puede ser fácilmente reconocido; pero la observación del carácter o comportamiento es menos fácil, menos completa y menos exacta, especialmente en la relación pasajera, aun cuando íntima, de doctor y paciente. No obstante esta dificultad, ciertas impresiones toman gradualmente forma en el curso de la práctica médica, las que se confirman a medida que crece la experiencia. Un ataque breve de dolor físico agudo, es agobiante mientras dura. El paciente generalmente no es ruidoso en sus quejas. Implorará por alivio, pero no gasta su aliento en detallar sus problemas. Es raro en él perder el autocontrol y volverse loco e irracional. Es poco frecuente que el dolor físico más agudo se vuelva en este sentido insoportable. Cuando el dolor físico breve y agudo pasa, no deja ninguna alteración evidente en el comportamiento. El dolor prolongado tiene efectos más observables. Éste es, con frecuencia, aceptado con poca o ninguna queja, y se desarrolla una gran fuerza y resignación. El orgullo se humilla o, en ocasiones, se convierte en una determinación de ocultar el sufrimiento. Las mujeres que padecen de artritis reumatoide demuestran una alegría que es tan característica, que puede ser comparada con el spes phthisica del tísico, y se debe, quizá, más a la leve intoxicación del paciente por la infección, que a un aumento de vigor en el carácter. Algunas víctimas de dolor crónico se deterioran. Se vuelven quejumbrosas y explotan su posición privilegiada de inválidas para ejercer una tiranía doméstica. Pero la maravilla es que los fracasos sean tan escasos y los héroes tantos; existe un desafío en el dolor, al que la mayoría puede reconocer y responder. Por otro lado, una larga enfermedad, incluso sin dolor, agota tanto la mente como el cuerpo. El inválido deja de luchar y se deja arrastrar impotente y quejumbrosamente a una desesperada auto-compasión. Incluso así, algunos, en un estado físico similar, mantendrán su serenidad y abnegación hasta el final. Ver esto es una experiencia poco frecuente y conmovedora. El dolor mental es menos dramático que el dolor físico, pero es también más común y más difícil de soportar. El intento frecuente de ocultar el dolor mental, aumenta el peso del mismo; es más fácil decir “me duele una muela” que decir, “mi corazón está roto”. Sin embargo, si aquello que lo produce es aceptado y enfrentado, el conflicto fortalecerá y purificará el carácter y, con el tiempo, el dolor generalmente pagará. A veces, sin embargo, éste persiste y el efecto es devastador; si la causa no se enfrenta o no se reconoce, produce el estado deprimente del neurótico crónico. Pero algunos, mediante el heroísmo, se sobreponen incluso al dolor mental crónico. Con frecuencia producen un trabajo brillante y fortalecen, endurecen y agudizan sus caracteres hasta volverse como el acero templado. En la locura real el panorama es más oscuro. En todo el campo de la medicina no existe nada tan terrible de contemplar como un hombre que padece melancolía crónica. Pero la mayoría de los dementes no son desgraciados ni están realmente conscientes de su condición. En ambos casos, el poco cambio que experimentan si se recuperan, es sorprendente. Con frecuencia nada recuerdan acerca de su enfermedad. El dolor proporciona una oportunidad al heroísmo; la oportunidad es tomada con sorprendente frecuencia.]