Los críticos

Habría mandado todo a la mierda de no ser porque justo en ese momento me acordé del liquidámbar en el fondo de lo de mi madre. El árbol ocupa un lugar bastante retirado, en el rincón donde solía estar el parrillero, y hay un momento del año en que las hojas se ponen rojas. Es impactante, realmente. Es difícil no quedar embobado mirándolas. Mamá viene y te enfatiza el color de las hojas, te lo explica. Yo sentía igual que mi padre: la arruinaba cuando hacía eso. Arruinaba lo que te estaba mostrando y arruinaba el momento. Lo que jodía es que mamá parecía querer resaltar su propia sensibilidad más que la belleza de liquidámbar. Tal vez no fuera su intención, pero en un segundo el liquidámbar pasaba a quedar como sepultado bajo todo ese palabrerío.
[…] Entonces me vino su sonrisa y por primera vez pensé que tal vez no se equivocara cuando te señalaba lo rojo del árbol. Capaz que saber apreciar la belleza del árbol era importante y viendo su belleza te volvías parte de él. ¿Por qué no?

Fragmento de Lámpara, cuento de Daniel Mella incluido en Lava.