Dos vistas de la habitación: sobre el confinamiento

Breve columna sobre el confinamiento debido a la epidemia de coronavirus, que salió en el suplemento de Cultura de la diaria del 15 de mayo de 2020.


1. En 1889, Louis Chauvin recomendaba (en su Manuel de l’instituteur) que el profesor francés tuviera un cuarto discreto, austero, pero también apto para recibir alumnos, visitas, padres, etcétera. Así, debía tener pocos muebles, una cama de hierro con sábanas lisas, blancas, un armario limpio, un espejo, un reloj despertador, una buena biblioteca, una repisa con muestras de su herbolario y sus colecciones científicas, una jaula para un ave (!) y pocas decoraciones. El “lujo”, según describe Michelle Perrot en Historia de las alcobas (2009), debía estar limitado a “un mantón antiguo” tomado del arcón materno, en un futuro acaso un piano o un armonio, y algunas reproducciones de obras de arte. La habitación debía ser en consecuencia un “santuario del orden, del trabajo y del buen gusto”, en oposición al cuarto de un soltero desprolijo. De esta manera, el dormitorio era una suerte de museo de la civilización, una muestra de la ética de su habitante.

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