Destrucción del jardín

El 21 de mayo de 2016 se celebró Bazaar en la Plaza Zabala, un evento organizado por Ronda de Mujeres como “una apuesta a la imaginación y una invitación a la colaboración comunitaria”. Yo formé parte del proyecto que dieron en llamar Biblioteca Humana, y para eso leí una selección de algunos poemas míos y otros ajenos (y traducidos por mí) que llamé Destrucción del jardín.

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El sueño de Dante

Fragmento del tercer capítulo de la Vita nuova de Dante, que cuenta la visión que tiene la noche en que muere Beatrice. En la Comedia, cuando Dante se encuentra con Beatrice, ésta está de rojo, rodeada de extraños seres (símbolos) Borges, en uno de sus Nueve ensayos dantescos indica que “Dante, muerta Beatriz, perdida para siempre Beatriz, jugó con la ficción de encontrarla, para mitigar su tristeza; yo tengo para mí que edificó la triple arquitectura de su poema para intercalar ese encuentro. Le ocurrió entonces lo que suele ocurrir en los sueños, manchándolo de tristes estorbos. Tal fue el caso de Dante. Negado para siempre por Beatriz, soñó con Beatriz, pero la soñó severísima, pero la soñó inaccesible, pero la soñó en un carro tirado por un león que era un pájaro y que era todo pájaro o todo león cuando los ojos de Beatriz lo esperaban (Purgatorio, XXXI, 121).”

E pensando di lei, mi sopragiunse uno soave sonno, ne lo quale m’apparve una maravigliosa visione: che me parea vedere ne la mia camera una nebula di colore di fuoco, dentro a la quale io discernea una figura d’uno segnore di pauroso aspetto a chi la guardasse; e pareami con tanta letizia, quanto a sé, che mirabile cosa era; e ne le sue parole dicea molte cose, le quali io non intendea se non poche; tra le quali intendea queste: “Ego dominus tuus”.
Ne le sue braccia mi parea vedere una persona dormire nuda, salvo che involta mi parea in uno drappo sanguigno leggeramente; la quale io riguardando molto intentivamente, conobbi ch’era la donna de la salute, la quale m’avea lo giorno dinanzi degnato di salutare.
E ne l’una de le mani mi parea che questi tenesse una cosa la quale ardesse tutta, e pareami che mi dicesse queste parole: “Vide cor tuum”.
E quando elli era stato alquanto, pareami che disvegliasse questa che dormia; e tanto si sforzava per suo ingegno, che le facea mangiare questa cosa che in mano li ardea, la quale ella mangiava dubitosamente.
Appresso ciò poco dimorava che la sua letizia si convertia in amarissimo pianto; e così piangendo, si ricogliea questa donna ne le sue braccia, e con essa mi parea che si ne gisse verso lo cielo; onde io sostenea sì grande angoscia, che lo mio deboletto sonno non poteo sostenere, anzi si ruppe e fui disvegliato.
E mantenente cominciai a pensare, e trovai che l’ora ne la quale m’era questa visione apparita, era la quarta de la notte stata; sì che appare manifestamente ch’ella fue la prima ora de le nove ultime ore de la notte.

[Traducción al inglés de Dante Gabriel Rossetti: And betaking me to the loneliness of mine own room, I fell to thinking of this most courteous lady, thinking of whom I was overtaken by a pleasant slumber, wherein a marvellous vision was presented to me: for there appeared to be in my room a mist of the colour of fire, within the which I discerned the figure of a lord of terrible aspect to such as should gaze upon him, but who seemed therewithal to rejoice inwardly that it was a marvel to see. Speaking he said many things, among the which I could understand but few; and of these, this: Ego dominus tuus. In his arms it seemed to me that a person was sleeping, covered only with a blood-coloured cloth; upon whom looking very attentively, I knew that it was the lady of the salutation who had deigned the day before to salute me. And he who held her held also in his hand a thing that was burning in flames; and he said to me, Vide cor tuum. But when he had remained with me a little while, I thought that he set himself to awaken her that slept; after the which he made her to eat that thing which flamed in his hand; and she ate as one fearing. Then, having waited again a space, all his joy was turned into most bitter weeping; and as he wept he gathered the lady into his arms, and it seemed to me that he went with her up towards heaven: whereby such a great anguish came upon me that my light slumber could not endure through it, but was suddenly broken. And immediately having considered, I knew that the hour wherein this vision had been made manifest to me was the fourth hour (which is to say, the first of the nine last hours) of the night. Al español.]

Déjà vu

La relación entre estos dos poemas no es producto ni de mi erudición ni de mi inteligencia, que son nulas. Le debo la feliz comunión poética a Jorge Luis Borges, que en una conferencia sobre el Budismo los enlaza.

Sudden light de Dante Gabriel Rossetti.

I have been here before,
but when or how I cannot tell:
I know the grass beyond the door,
the sweet keen smell,
the sighing sound, the lights around the shore.

You have been mine before,—
how long ago I may not know:
but just when at that swallow’s soar
your neck turned so,
some veil did fall,—I knew it all of yore.

Has this been thus before?
And shall not thus time’s eddying flight
still with our lives our love restore
in death’s despite,
and day and night yield one delight once more?

[Traducción de Saúl Steiner: Ya estuve aquí, / no podría decir cuándo ni cómo: / conozco los prados más allá de la puerta, / el dulce, acre aroma, / el sonido lastimero, las luces de la costa. // Tú ya has sido mía,— no sabría decir hace cuánto: / pero justo cuando se elevó esa golondrina / se volvió tu cuello y, así, / algún velo cayó — lo supe desde siempre. // ¿Ya había ocurrido esto? ¿No debería restaurar, entonces, el vuelo arremolinado del tiempo / con nuestras vidas nuestro amor / a pesar de la muerte, / y regalarnos el día y la noche un placer una vez más?]

Metempsicosis de Rubén Darío.

Yo fui un soldado que durmió en el lecho
de Cleopatra la reina. Su blancura
y su mirada astral y omnipotente.
Eso fue todo.

¡Oh mirada! ¡oh blancura! y oh, aquel lecho
en que estaba radiante la blancura!
¡Oh, la rosa marmórea omnipotente!
Eso fue todo.

Y crujió su espinazo por mi brazo;
y yo, liberto, hice olvidar a Antonio.
(¡Oh el lecho y la mirada y la blancura!)
Eso fue todo.

Yo, Rufo Galo, fui soldado y sangre
tuve de Galia, y la imperial becerra
me dio un minuto audaz de su capricho.
Eso fue todo.

¿Por qué en aquel espasmo las tenazas
de mis dedos de bronce no apretaron
el cuello de la blanca reina en broma?
Eso fue todo.

Yo fui llevado a Egipto. La cadena
tuve al pescuezo. Fui comido un día
por los perros. Mi nombre, Rufo Galo.
Eso fue todo.