Una novela gótica

Reseña de Bravura de Emmanuel Carrère (Barcelona: Anagrama, 2016), que salió en la diaria el 10 de marzo de 2017 y que aproveché para acompañar con traducciones de fragmentos de Percy B. Shelley, Mary Shelley y Lord Byron. La imagen es un grabado de la Villa Diodati, mansión cercana al Lago de Ginebra que fue hogar de Lord Byron entre junio y noviembre de 1816.

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Un poema de Mary Shelley

Traducción libre de “Tribute for thee dear solace of my life“, publicado a veces bajo el título “Fragment”, brevísimo poema que Mary Shelley escribió en una hoja suelta de su Diario (la página 109, exactamente) por el 23 de enero de 1826 y que se mantuvo inédito hasta la aparición de Mary Shelley: A Biography, de Rosalie Glynn Grylls (Londres: Oxford University Press, 1938). Está dedicado a su amiga Jane Williams, a quien Percy Bysshe Shelley dedicara sus últimas canciones de amor, y la fecha de su escritura es muy cercana a la publicación, en febrero de ese año, de la novela de ciencia ficción The Last Man.

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A human being in perfection ought always to preserve a calm and peaceful mind and never to allow passion or a transitory desire to disturb his tranquillity. I do not think that the pursuit of knowledge is an exception to this rule. If the study to which you apply yourself has a tendency to weaken your affections and to destroy your taste for those simple pleasures in which no alloy can possibly mix, then that study is certainly unlawful, that is to say, not befitting the human mind. If this rule were always observed; if no man allowed any pursuit whatsoever to interfere with the tranquillity of his domestic affections, Greece had not been enslaved, Caesar would have spared his country, America would have been discovered more gradually, and the empires of Mexico and Peru had not been destroyed.

Fragmento del capítulo IV de Frankenstein de Mary Shelley.

[Traducción de Saúl Steiner: Un ser humano perfecto debe siempre conservar una mente calma y en paz y nunca permitir que la pasión o un deseo fugaz distraigan su tranquilidad. No creo que la busca del conocimiento sea una excepción a esta regla. Si el estudio al que te dedicas tiende a debilitar tus afectos y a destruir tu gusto por esos placeres simples que ninguna aleación puede confundir, entonces ese estudio es ciertamente negativo, es decir, no beneficioso para la mente humana. Si esta regla fuera siempre observada; si ningún hombre permitiera que cualquier búsqueda interfiriera con la tranquilidad de sus afectos domésticos, Grecia no se habría esclavizado, César habría protegido su país, América habría sido descubierta más gradualmente, y los imperios de México y Perú no habrían sido destruidos. ]